Welserland: crónica promiscua

 Yhonaís Lemus

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El artista e intelectual hispanoamericano desde su capacidad selectiva cultural produce un sinfín de combinaciones que desarticulan todo discurso dominante. No se trata ya de sincretismos, sino de articulaciones que quiebran la normativa de la lógica occidental para armar otra razón; una lógica periférica que será la fuente real de las culturas internas de América. Me refiero a una mirada retrospectiva que dará cuenta de un conocimiento que quiere contarse a sí mismo desde sus propios cimientos y desde todo lo que ha heredado.

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Iberoamérica aún destaca por la necesidad de algún tipo de sentido identitario y por el malestar que esto produce en los sistemas sociales que conforman la región. Países que al no poder experimentar una existencia propia, coherente y fluida con relación a sus orígenes, sucumben ante el ya mencionado desasosiego identitario, convirtiéndose en sociedades desmemoriadas cuyo concepto de nación es percibido solo como la coexistencia en un mismo objeto territorial. Venezuela, al ser parte de este conglomerado de culturas demanda sentido, coherencia y legitimidad dada la existencia de un imaginario dinámico e irresuelto. Es allí donde entra Welserland: obra del escritor y editor venezolano Víctor Manuel Pinto.

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Welserland es un libro complejo que nos exige una lectura paciente y entregada. Sus más de 250 páginas juegan a los géneros literarios mientras relatan, de manera muy particular, buena parte de la configuración histórica del nuevo continente. Welserland también nos ofrece un pastiche denso y enriquecedor que se arma de referentes históricos contados con un tono narrativo atrevido; desconcertante, amoral e inteligente. Crónica contada en prosa; subjetiva y promiscua tan sucia como liberadora y otras veces poemas filosos y mordaces que se transforman en un vicio para el lector.

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La obra se divide en varios capítulos. En The Dirty Prince se plantean las bases de la mirada occidental hacia el nuevo continente; inicia con Carlos I; Isabel y Fernando, los reyes católicos de Castilla y Cristóbal Colón. Algunas de las figuras destacadas de este capítulo son el escribano y poeta Rodrigo Descovedo, el dibujante Pedro Salcedo, Diego de Arana (el preferido de Colón), Alonso de Ojeda, Francisco Roldán, Francisco de Bobadilla, Américo Vespucio y la india Anacaona. En Klein-Venedig Klan la presencia de Carlos V, así como la referencia al oro y al petróleo venezolano, son los temas focales. Es cuando el narrador nos habla de Welserland a través de crónicas y poemas dedicados a figuras de la realeza ibérica, conquistadores, cosmógrafos, traidores y patricios: Francisco Martín, Waldseermüller, Yanaconas, Juan de Castilla / 1539, Respecto al presidio de Canoabo y Bartholomeus Welser.

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El corazón de la obra está en Die Welser. En este capítulo se retoma la figura de Carlos I de España y V de Alemania quien cede su posición ultramarina a los banqueros tudescos, quienes son los mayores bolsistas de su tiempo, «una familia patricia de Augsburgo que ambiciona expandir sus negocios en las nuevas colonias de ultramar. Los nombres de Antón, Lucas, Ulrice, Jacobo y Bartolomé Welser son sinónimo de fuerza financiera en Europa» dirá el narrador heterodiegético, realmente conocedor de toda la historia. Además, en este capítulo resalta la figura insular de Cubagua y los 17 años de excursiones (1529-1546) que los capitanes de Alemania realizaron al sureste de la joven Provincia de Venezuela así como al norte de la actual Colombia.

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Nicolás Féderman (15o5-1542), cronista y mercenario tudesco.

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Schädelreich, Walkürenritt, Die Kolonie, Fatherland, Tiergarten, Der Überläufer, Bier, Reichskriegsflagge, Der Zorn Gottes, Nación Marañona, Pedro, Liceístas suicidas, Angostura…, …lo amargo, Bizarro, El moro de Valencia, Teddy’s Mousetrap, Catálogo de naves, The Writter of the empire, Gunboadt diplomacy y Die Arier son, entre otras, partes en la que se divide, o subdivide, esta obra que se propone una búsqueda, una construcción, emergente sin dirección preestablecida; un espacio temporal otro que se arma y se desarma a sí mismo a través de la experiencia social; la complejidad y el fluir de significados.

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Pinto pone en evidencia una identidad otra; la identidad de lo diferente, de lo heterogéneo, de lo múltiple. Si bien nuestra identidad pone en duda la noción tradicional del término mismo comprendido como homogeneidad, tal panorama revela la crisis del ser iberoamericano, cuya capacidad de reconocimiento y expresión se encuentra restringida, limitada por los orígenes mismos y por el conflicto con su propia historia, de allí que Pinto elabore un discurso que se yergue desde su propia raíz ultrajada, violada y herida; «Excuso a los ingleses que me humillan / hasta hacerme mirar conchas de granos pegadas a sus largos desperdicios. / Me llaman mestizo & me maldicen. / Mi cara es una porno de saliva por haber nacido en Venezuela». La conciencia histórica encadena, maldice y libera: «También es la hora de los estafadores y oportunistas. Con tiros al aire empieza la carrera por la conquista de Tierra Firme y son miles los mercenarios e inquisidores que se alistan en la línea de partida. La invasión del Nuevo Mundo será entonces la revancha del Medioevo decadente, el reobscurecimiento del saber y del espíritu de los hombres»; dirá el narrador para hacer visible otra realidad.

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La transculturación será para el llamado latinoamericano un término que disemina todo complejo adquirido desde el proceso de colonización, específicamente la mezcla de las razas. Permite volver a la cultura europea occidental, la cultura negroide y la perteneciente a los grupos indígenas primigenios para resemantizar, darle una carga connotativa más próxima, un acento que se nos haga familiar. Ángel Rama (2008) nos sugiere sobre la transculturación que el concepto se elabora sobre una doble configuración que comprende valores idiosincráticos propios de nuestra cultura y, por otra parte, la energía creadora que la mueve. «Es justamente esa capacidad para elaborar con originalidad, aun en difíciles circunstancias históricas, la que demuestra que pertenece a una sociedad viva y creadora, rasgos que pueden manifestarse en cualquier punto del territorio que ocupa aunque preferentemente se los encuentre nítidos en las capas recónditas de las regiones internas» (p. 41). Welserland muestra esa heterogeneidad cultural en carne viva y los procesos históricos, como el descubrimiento del Nuevo Mundo y la conquista de América, aún abiertos.

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Este pensamiento heterogéneo, correspondiente a nuestra pluriculturalidad, problematiza la definición de la América hispana, que tiene la imperiosa tarea de hacer su propio rostro, reelaborando la historia desde su visión y siguiendo su voluntarismo. Pinto desarrolla un pensamiento sobre la historia que no queda subyugado en consideraciones puramente occidentalistas. Se trata de otra manera de reflexionar y hablar sobre las bases originarias. El autor presenta una esteticidad heterogénea e híbrida que a través de un proceso de selectividad cultural se abrirá paso como una nueva forma de lenguaje que resemantiza el discurso lógico-racional, ya que en consecuencia con Rama se produce un repliegue regionalista hacia fuentes locales y nutricias que parten de la herencia cultural.

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La mirada retrospectiva de Víctor Manuel Pinto dará cuenta de una cultura que quiere contarse a sí misma desde sus propios cimientos y desde todo lo que ha heredado. Podemos hablar de un discurso literario latinoamericano asumido desde la periferia, que es producto de este tipo de pensamiento como un intento de reunir tanto diacrónica como sincrónicamente elementos históricos de difícil aprehensión. De manera que, el sentido y la interpretación hacia lo contextual, ya sea consciente o inconscientemente, parecen motorizar su discurso donde se podrá leer la profundidad de la realidad cultural que nos comprende, nos arma y desarma.

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Referencias bibliográficas:
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• Rama, Ángel. Transculturación narrativa en América Latina. Ediciones El Andariego (2008).
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• Pinto, Víctor Manuel. Welserland. Kavrial. Madrid, España (2021).

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Yhonaís Lemus. Venezuela, 1988. Escritora y profesora a nivel secundario y terciario de Castellano, Literatura y Latín. Ha publicado La trascendencia de los insectos (2008), El Perro y la Rana, Caracas; Hilos Celestes (2013), Editorial Torino, Caracas; Entre el rostro/rastro de Clarice Lispector (2018), Editorial Académica Española, Madrid; Destellos Acuosos (2019), Halley Ediciones, Buenos Aires; Memorias de la piel (2020), Halley Ediciones, Buenos Aires. Su poesía ha sido traducida al inglés, francés y alemán. Cursó una Maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar, institución de la que ha sido parte del equipo docente. Facilita talleres de escritura creativa y colabora en múltiples proyectos editoriales.

La fotografía que ilustra esta publicación fue realizada por la artista venezolana Freisy González Portales

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