Welserland: la poesía es un territorio

Vielsi Arias Peraza

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La primera impresión que tenemos al leer Welserland, el reciente libro de Víctor Manuel Pinto, es la de encontrarnos frente a un territorio simbólico; un extraño país verbal en el que requerimos de un mapa para poder explorarlo.

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VMP se adentra en la voz del ser hispanoamericano que busca definir su propio rostro y develar su versión de los hechos de la sangrienta conquista de la Provincia de Venezuela. Para ello hace uso de la escritura poética como una brújula, e irrumpe en la memoria de un país gestado en la violencia. En Welserland la poesía funciona como un artefacto lingüístico que nos permite desplazarnos por el territorio y reescribir una parte de la ocupación del Nuevo Mundo desde el lugar de las culturas internas. Para ello, el autor acude al uso de una estructura híbrida y transgenérica del lenguaje que le permite hacer el trazado de las dimensiones y coordenadas de la ocupación alemana de Venezuela, donde la sangre seca es el sepia de esa cartografía particular.

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Expediente

Tras el fallecimiento del Maximiliano I de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, los varones patricios de la familia Welser financian la elección del rey de Carlos I de España como nuevo regente del imperio, y a cambio de estos favores, años más tarde, el ahora señor de Alemania emite la famosa capitulación de Madrid, el 27 de marzo de 1528, arrendando a perpetuidad la Provincia de Venezuela a la familia Welser, cuyos factores, cegados por el fulgor del oro, emprenden una campaña suicida y genocida. Cuando Ambrosio Alfinger, primer gobernador de la Provincia, designado por los alemanes, llega a esta tierra, lo primero que hace es construir la cárcel y la horca. Estas son las ofrendas que recibe la recién nacida Venezuela, o Welserland, como la llamaran los tudescos, topónimo germano que da título a la obra de Pinto.

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Como afirma Gina Saraceni en su texto “Daños colaterales I” Welserland es “una lectura sobre el territorio” donde la poesía hace uso de la historia para descolocar la narrativa oficial de la conquista. Pinto se adentra no solo en una relectura de una narrativa del poder,  sino que plantea esa contradicción “físico-espiritual” que refiere Panza en su ensayo “Aufhebung”, para nombrar el vértigo que produce un pasado lleno de traiciones, violencia, sangre y ante el cual la historia y la filosofía, por sí solas, no pueden dar una respuesta. En tal sentido, VMP desafía el lenguaje al abrir un nuevo diálogo con el abismo del pasado que es también un diálogo con nuestro presente a través de una lúdica estrategia que entrevera ficción y realidad para desarticular el relato oficial del descubrimiento y sus anacrónicos vestigios. Para ello rompe los límites del género y propone un texto experimental, transgenérico, un collage, donde el lenguaje es movedizo y hace uso de la crónica, la poesía, la prosa, documentos históricos y el relato.

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Pero este libro trasciende lo bidimensional de todo mapa y allí la poesía nos permite recuperar el sentido de la crueldad y el imaginario que la civilización impone: “oro o muerte”.  En Welserland la poesía es al mismo tiempo una pluralidad de voces que sirven de vínculos intertextuales entre la historia y la literatura. VMP, magistralmente, nos desplaza de un siglo a otro, estableciendo una relación, en el sentido bajtiniano, en tanto un emisor es al mismo tiempo un receptor de otras tantas voces, y para ello se vale de todas las estructuras que el lenguaje posibilita. Así, establece un diálogo entre documentos históricos, crónicas y poemas para armar un gran mosaico de voces y ecos pretéritos y contemporáneos.

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Welserland (Kavrial, 2021)

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Esto podemos apreciarlo mejor en las operaciones intertextuales que Pinto realiza entre la historia del tirano Lope de Aguirre y el libro Aléctor y Bethilde, de Pedro Luis Hernández Bencomo. Recordemos que Aguirre arriba a la Provincia de Venezuela después de una trágica expedición fluvial en busca de las riquezas americanas. El célebre rebelde viaja junto a su hija Elvira, quien padece de un amargo enamoramiento con Pedro Arias de Almesto, cronista de aquella empresa sangrienta. Este episodio de nuestra historia es recuperado por VMP en el capítulo del libro titulado Liceístas Suicidas, donde se nos cuenta, como en el libro de Hernández Bencomo, la triste historia de amor de dos colegiales: Pedro y Elvira.

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Leamos la oscura oración de la núbil protagonista:

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La virgen Elvira

Tú, hija de un perro. Casa purísima del semen, permíteme seguir con mi vida. Blancas tus plantas no pisan culebras, novia de la ternura, permíteme este aborto; madre del curetaje, te pido por mi limpieza. Tú, guardiana de la adicta, pura entre la basura, cuida mis manos cuando transo, que no me vean en la esquina, que no salten los sapos tras mis pasos. A ti, la muerta enamorada de un cobarde, te ofrezco esta noche mi vela negra. Virgen sin hijo en la cruz yo te prendo esta luz para que el hombre que me miente nunca engendre; para que el perro que me deja por sí mismo no se encuentre. Te ruego, te pido, puño divino entre las piernas. Húndelo. Confúndelo. Ciérrale todas las puertas. Abre las botellas que le pierdan.

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Este mismo juego intertextual aparece en el capítulo titulado: Bizarro. En la cumbre de los cementerios, en el que el autor recrea, al estilo de Pavese, un diálogo entre el sabio centauro Quirón y Aquiles. Es la despedida del discípulo de su maestro antes de partir a la guerra de Troya, pero también, al mismo tiempo, es un collage de aforismos y pensamientos del Libertador intervenidos con fragmentos de la correspondencia privada entre Bolívar y Páez, alrededor de los años 1824 y 1826, en los albores de La Cosiata. Así, la despedida entre el centauro y el guerrero es al mismo tiempo la última entrevista entre los dos líderes venezolanos. Para enmarcar aquella reunión final, Pinto nos pone en diálogo con Otelo, de William Shakespeare, específicamente con la segunda escena del quinto acto, justo cuando el trágico moro, ciego de celos, da muerte por ahorcamiento a su esposa Desdémona, tal y como Páez, presionado por los alzamientos y motines de aquella hora, estrangula fatalmente a Colombia. Acto que Víctor Manuel Pinto recupera en el texto To put the ligth Out, rememorando también, en el capítulo de marras, la legendaria interpretación del personaje shakesperiano por parte del general llanero, obra actuada en su residencia de Valencia, en diciembre de 1829, y que es tenida por algunos cronistas como la primera puesta en escena del teatro inglés en tierras venezolanas.

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To put the ligth Out:

fragmento

Tú eras mi patria, tú eras mi causa
y ahora debo cortarte el aire
antes que tu celo atraiga a más perros,
hombres pajizos que lamen tu sangre.

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De esta forma VMP nos adentra en la dicotomía sociológica de la micro/macro historia de Venezuela desde la conquista hasta el siglo XX, pero no acude a lo cotidiano en sentido anecdótico, sino como un tejido de acontecimientos que reconstruyen el gran relato de siglos de ocupación, traiciones, golpes militares, revueltas políticas y que, al mismo tiempo, revelan la forma de vida de 400 años de violencia. Cotidianidad, en la que los personajes, desde sus circunstancias particulares, vuelven a repetirse con otros trajes y otros lenguajes, pero siempre actuando desde un imaginario de la sobrevivencia. Donde cada uno se acomoda al lugar que lo arrincona la guerra.

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Welserland nos deja ver que la incertidumbre y la tensión son una constante en la historia de la República. VMP reescribe una épica masculina del poder, donde el caos, la traición y la codicia dan lugar a un país que, en el hoy, todavía se pregunta por un ser nacional. No se trata de un juicio del poeta sobre el territorio Welserland, sobre la Venezuela petrolera o contemporánea. Son las múltiples voces de partícipes que se señalan. En este gran relato que narra la suma de acontecimientos, en el sentido de Christian Lalive, en tanto la historia se impone como la rutina de múltiples acontecimientos de dialécticas vividas, la doctrina Monroe regresa como un fantasma a reclamar su territorio. La onda expansiva del neocolonialismo sigue mirándonos con la misma codicia con la que nos miraron los tres imperios que embisten nuestra historia a los largo de las 262 páginas del libro: Alemania, Inglaterra y los Estados Unidos de Norteamérica. La conquista no se ha detenido. Sigue entre nosotros.

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V.

Vielsi Arias Peraza. Valencia, Venezuela, 1982. Poeta. Licenciada en Educación, mención Artes Plásticas, por la Universidad de Carabobo. Trabaja en el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC. Ha sido galardonada con el Premio de las Artes y las Letras del CONAC y con el Premio Nacional de Literatura Stefania Mosca (mención poesía). Ha publicado los títulos: Transeúnte (2005), Los difuntos (2010), Luto de los Árboles (2021) y Mandato de puertas (2022).

La obra que ilustra esta publicación fue realizada por la artista venezolana Alba Izaguirre
Este texto fue leído en la presentación de Welserland (Kavrial, 2021), durante la XIX Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo.

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