Zoor

-I-
Zooide 

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…………………que restalle la luz del avanzador mercurial
la ampolla de la que liba mi jeringa islandesa:
«humanidad-no-existe»
y así el inframar gesticula y hace signos
nada hacia la escollera más fiel a su mariposa
a su mar-adiaga  /  o su es mar bailey
que se viel-amolina acá:
«sé el desántropo», sigue el émbolo,
mientras unos trabajan y otros abarajan
a los cinco nos piache el naranja del pesquero rompe-perfiles
destruyendo –en sus componendas– el eje de cualquier reflejo
de cara a unos deshechos de lágrimas que vienen de risa-llanto-frío
traspiraciones en el aullido de la pesca.

Sufre o trina el élan: no se queda en un sofá para risitas
surca el fiel sin balanza que referencie
volvélo funámbulo entre dos hilos de lluvia
en su jeringa de colibrimas –espejo hecho trizas–
al fin lítico o rupestre
en lo acuático te elevás gris
gris.

Es el signo de la plata que se va depurando de familias
un escozor por licuar al aire amoroso de flato al escampe
que no devuelve a las postas de los ladrillos.
«Bancáte la quilla, no estás solo,
no soy teléfono,
no llames cazafantasmas,
tampoco falto de acompañantes
jamás un ausente
con la presencia que sigue el bies a la transparencia:
no envejece de imágenes.»

«Nos vamos a morir», murmuran los fantasmas,
pero no «nosotros», decimos al unísono,
sino lo que trajimos hasta aquí:
nos lo hechizó otra herencia en Isla de los Estados.
Pero probamos un vivir que es de don inútil
donde la historia se hace de su banda oscura
y su positivización viene de una asociación sin fin
con direcciones-de-geni que abren su cono de silencio:
lo insilban y lo trans-hilvan para que viajemos en él.
¿Será hilván de trans nuestro dios del anteLibro?
Cuando apenas si queríamos arriesgar iiiiiiiiiiiii
como acople o assemblage
con fe de muchismos en sus timbraciones.

Lobo marino o de tierra
del sin marinero mar
sin gaviotas ni bañistas ni olas o lonas
apenas el mar que te hace filo hasta cortar.
¿Será el filo o la cornisa
o la barra abstracta?
La noche agarra en pleno día y el día en la trasnoche
y la rana que desde ayer mastico sabe a rancio
pero nadie balbuye que de su humedad verdigris
se escancia el ouvert de tu entrelabio
la potencia vigía de la que ahora te sostenés,
maríííííííííííííaaaah.

«Tengo una sola noticia en lo que va del viaje:
el mar no es verdad
sino su grisperla aguantada
y lo que ahí late –mezcla total
es una vulva de intragemas
que palpita en tu protoplasma actual.»
Esa sí que sabe con quién, hacia qué eso.
Como el ave politeñida de grisurias
se suspende aleteando su mezcla para el helicor.
Con las chaquetas también nubladas
caminamos por el agua hidrocándida –en pleno invierno–
en las células de cada cosa que son limpiadas
por un frío boscoso que atrae el calor que nos percutiría:
¿otro desierto?

De camino a esa fruta solariega
no vuelvo menos objetivista ni más artificial
sino tarascón y una tarasca occitana
anteponiendo el morder al hablar, la masticación a la opinodermia:
es canción sumergida en sus afueras
más tu piel tatuada por el oleaje «todavía»,
cinturón de fuerzas, ajustado a un talle ni universal ni ciñesiluetas
que nos tueste ahí donde estemos al molinema
y montar escorados
¿o acaso el equilibrio era apolíneo?
Más bien pende de la marea y de la arena
y del declive y sus sierpes
probación de la calidad de tu osamenta.

Hay un salvajismo no romano-dependiente ni romántico
un artificio preformal que es antifaz auténtico
y piedra que no da la cara al book narcizúcar:
una T que tacha, dándote a ver(so).
Es la gruta del ogro que habita en su joroba del monte peludo.
Tiene un corazón más liviano que el aire
que entre humanos pesa por la traba sentimental
esa compartida concesión hecha al comercio de emoticones
una vez acabadas las guerras médicas de juvencia.
Por lo de más, gesticular cual pulmonautas;
por lo de menos: acaudalados en serenidades a fibras;
por entre medio, una clase disuelta a fuego lento
en socius segmentarios de traductores
(vía cardíaca)…………………………………………………………

 

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…………………un mundo se perfila más acá de sus competencias
hacia su broderie de suelos o copas
y roedores por los oídos de la molinesis
Bolan en la copa
Drake a ras de suelos
toman el elevador en tiempos alternos
llevando y trayendo.

Frenesí de unas mentes que no se van pero las acechan
aunque no las echarán más del planeta
si echás tus pies encima de la cabeza
y tu cabeza bajo los pies
el corazón en la gargantuatha.
No te esfuerces en intuir esas muertes según la gente
señal de no cabalgar el molino ni pisar este mons
donde cada ven-a-Kali es la fiesta del que las sangría
y además una vena morena de Sabalona
tendrás que dejarte crecer por la columna del cuello
para no verte viajar en una cara tan sensible
con tantos después para la koda(k).
Al despertar ese solo oído en los arpegios
las especies se acomodarán a pájaros líticos
que xilofonan por el martillo del oído las cuerdas que viera Varo
traídas del sol.
En cuanto a la fila de pájaros rupestres sobre alternadas ramas
no hay data previa:
voy consultando a las que saben tocar y tocan.
Si las oís cabeza abajo dicen: «auuuuuur»:
la primera sílaba de su cartografía eólica.

Calienta el frío con su (v)aliente continuador
«¡oro en la cualquier cosa!»,
grita la primera del despertódromo.
«¡Sombras ala ancha!»,
desde otra punta el pez cojo de esqueleto en pie.

Empuja y empuja
empuja y hace bailar
cada infra / hiper
que ni al ni al no clavan
sino al decir de Arabi, Ibn:
«Entre el sí y el no
salen volando de sus materias los espíritus
y de sus cuerpos las cervices».

Hablaba de la (v)alentía que nos recorrerá discerniendo al gesto y al pie
sin dar intervención a más cónclaves de «sínoes»
porque ella es la de más destreza y filo en la gala axial
y lo demás es esfuerzo argumentador de polis.
Alentía que nos dejará antenistas para la peppercepción……………………..

 

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…………………la atmósfera raspa su dimanche
sifonea su siesta intercontinua
una reverencia hacia el milímetro de gas
cuando ya no hay inconciente ni dialéctica de las conciencias
sólo el comprenderse del élan consigo mismo
el brillo de su efervescencia, el házme obrero de sus cinturas,
que porta una hoja, este poema con sombrillas:
la hormiga llevando su porción de trabajo hacia el temblor.

Es en la telesmia de enigmas portátiles
que la presencia se enjambra a nuestro pequeño y roto estar de aquí-es,
hacia el paseo de Lenz entre cugumelares
hasta que ¡epa!, se topa, con la brujería repleta del monsalvat:
qué vas a hacer si escribís así, pedazo de asno,
con las patas hechas para patear cada tablero
sin ruptura alguna, sea falsócrata o sinceroide.

El cerco tiene algo de bello
si no fuera que delimita lo mío y lo tuyo
pero si es traza por rebazar y bazar
de un vaso a otro entre las membranas
una traza de huerto se mueve y vibra, locus amoenus,
una mistura de afueradentros en su inmaculada cocinería
que pareciera que va a dar aventura, laberinto al ciempiés
o hasta un cuento bizantino
por el hilo perdido en su otro río
sabiendo que la (b)risa lo traspasará siempre
porque es la que canta incluso en el alambre.

Sí: la noche trasunta su grano de mediodía
y su negra cabeza de hormiga
es la que avanza por el borde de púa de cada hoja breve, bueno,
ese pulsar dirime la fiesta del sol y la luna que van juntos
todo el «día», toda la «noche»,
sin pausa hacia su modular último……………………………………………….

 

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…………………en el avenativo estésico del sonidotama
en clave de zoón y guarda del frío:
¿cabía duda que conocés por los pies?
En abrecoros de las primeras huestes de cien luces
puestas ante tu pie en un perímetro de claros tras la lluvia.
La portante del mejor sombrero: montículo de arenapomes
la que arrastra mejor el pasto hacia el empeine
vérdigos de pangea-gó
bajo un spot de magnesio
ante la alucinación de la presencia vegetal.
Sal emprendedor
ora a gotámenes del pranazimut.
Los insectos lo saben:
Adán todavía se rasca, Eva no llega,
en un son frío mantienen su cristal tomando de un sol íngrimo.
Dos pájaros fueron a picar de sus pies ante champignones dorados.
Unas praxis de lluvias se aposentan ante las oquedades del hacer.
Sofía descubierta en las descalzas durante la danza de las llam(e)antes
una auscultación de geiseritas en su memoria de bambalinas.

La tarde es más y más bendita a medida que se escurre
y se establece en su lobizón de calores internos
haciéndose los pies primitivos en su espuma camalotal
son el bies del núcleo solar al armilarse de burbujas.
El obsceno deterger de la ola-eleison
su reverdecer en el gris-haz del verdelar
todo a la vasija de espermas que saben a sal sacudida
detergente de tu sangre, especie que corona la espuma que vuelve
plagada de vacío intersticial.

Hasta las alas de cualquier strass hacen mella hoy
disfraz de escamas adquiridas, glam de un bien de Lucibel,
y hasta el muslo de bronce que nos hiela la sangre
o la pupila de carbunclo que diapositiva por dentro.
Ni lo más escamacional te deja a salvo del socioenigma
ni en el miasma, ni en la tienda ni en el nodo
perdura jamás el soma aburrido del sin aceites.

Todavía tu edenoide palpita donde reposan las vacas
su peso macerador sobre la tierra
el entramado del lodo que alimenta de frescos la entraña:
la aorta liberada de su herencia de meras patas
a su escozor verdeante que le regresa los (p)oros
errando a suertes el caminotestino de la presurosa desmuerte
dejando encapuches de verduras
por el milirisado azoomen del hábitat
y si no fuera por tu abrepiés
qué sería de tu volverte anfibio en la antenoche.

Buenas tardes por el miradigma, señoras de los altos penes
el verde que mastican me da en el hegemonikon
y el de los eucaliptus infunde su expectoratoria.
Esta desominosa conversación con Lanceolante
construyendo la posibilidad del diálogo con los hiper(ar)bóreos,
soplámula del aquínazgo
en vientreos de ululámenes con Alí-va-y-va
en su turbante captor por cada altura de hoy.

Suelo por el que respiran los caballos abrecuentos
por el que se iluminan los suecos tirafuego
sombreros de i-lha-lah
corteza de ciprés o riel de serpiente, ¿quién (te) da más?
La osa diosa sapiencer
puja
¡restalla por saberse indeterminada al graznar!
Y en la hierba amistosa del ganado aparece
el odre emanatista del suelo, un naranja de intrasangres
el farol reptante de la que nos arrastra en su piel.
Pero tu graznido lo aprendiste del chirrido de un árbol amante
sólo que el tuyo viaja hacia el más íntimo mar de los sabios
porque se aldonza de rocíos en el pancosme.
La ruta se le abre a buen paisaje, te va a empujar afuera
la frecuencia modulada de la ontofidia
más su cor-diente hundido hasta las estancias de blabel.

El aniMani oriéntido supura ostras
vivís como su amiganigma lisa y esmaltada
en este anillo que no para de tripodear al suelo.
Acompañamiento de las flechas iluminativas
en su rampante a La Sagitaria
que hasta decís en tu ahora
«soy la caballera solitaria de la Luna»
oh…
y habláme por cadena irracional hasta que sin cuenten las miliuna…………………………

 

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…………………por la hora de la dychtemera
(es en fauno puerta trece)
entre glaudos celestes contra verdes glaucos
mediodía de la hormiga
basculando con una esfinge encima
una sombra de su elefancia del milímetro.
Una verdemosca se acerca a alimentarse de mi centímetro de falange
entre todos los palos de sombra, el mío y el de la mosca,
hacen una nave antroentomóloga en la central desértica.

El emblema de un catafalco arenoso, en lo que dura mi reposo-un-tizne,
el demonio de mediodía que me llama: «¡Eh, Caillois!»
una vez hallados los deómeros de esencia-intensa
en el dial breve-paradiso al plató.

Será que mi dermis ya se parece a la de un servicial nubio
llevando su tar(e)a entre mercados de restos
pareciera una Calcuta en un terrario de 38 roscas
con terrazas y tatamis para hormigas-surfers
portando su tabula verde hacia la interzona de mi índice o menhir.
Y por un truco de guante, ¡zas!, ves las hormigas de cada parte
la que le toca a la hormiga
la que toca a las cadenas de señoras,
un dios o un demonio que no para de reproducirlas:
es el sin fin de las escalas sucesivas o simultáneas
medios entre medios de la peor calaña
pises entre pises de las mil y un patas en el larguísimo terrario existenciario
doblando y circuyendo terabytes de extras en los súbitos enrosques de universos.

Pero el que en Verdad la mueve es el conector.
Allí donde un calor de revelación le es dado como fruto de la concordancia
una estrella emancipada y fría
antes que sol recalentado o de (in)dependencia.
Alegría, en definitiva, de álogon nonato
que al haberla desarrollado durante lustros
con una evaluación intensa de daños y audios
da en una risa lenta y larga
que se parece al negro que se extiende y aparece
entre la noche y el día de mis hemisferios.

Te voy viendo, Nur de Asia,
transportando tus fuerzas explosivas
anunciándote en cada ciudadela cuando el Barón duerme al sol
cuyo secreto vas a destilar en su siesta de intemperies.
Algunos dicen que son papiros del Nilo los que duermen
en los que leerá la cazadora sus hechizos.

El que da calor se mantiene en la noche
del farol en las entrañas de la que da frío:
ella va por Asia él por un oriente
pero las olas les transmiten algo, a la vez se estremecen,
se reponen al instante y siguen
rumbo a los siguientes cubiletes en las manos del Zoorastro.

Entonces el calor que sentimos era un sol de Kephra,
un oro del encuentro durante la alfombra íntima
un sistemabundi de pezonares y melirrames
donde principan la licuefacción de los haces
en sombrillas tijuanescas, reventilares a la sombra
de lo que deseamos ventilar en los principados
de nuestras soledades en las mastabas
una piragua compartida
atravesando la arena de una sola noche.

Asia: ¡disolvéme!
Sos tan fuerte aquí en el mar
que te captaron mis pezones con sus nimbos
y te respondí por anemómetros
de radio-gnomon que siempre da las doce en el pie.
«Buendía en la cobra de ramas interciliares»,
el enigma nos tostó de más, a punto de calcinêtre,
ese trabajo requiere de unas orugas de la pancrisálida
y en el mix de alcoholes de sus cuerpos de nigra sum,
sed hermosa
portada al unísono en nuestro halo funditivo.

El día duele por ser tan hueso
de tanto tirar a tienda y tirarme
en la escucha navaja del suelo
limpia escucha de nuestro candor irreflejo
las comidas que preparamos con los picores de la pequeña salina
y de nuestro salario ínfimo de vidrios.
Las joyas de la buena estrella zapatean muy cerca
¡en sus tobillos con ajorcas de contactos!

Pero me habías iniciado en la meditación de las hormigas
y era meterme en una película de extras del siglo XX.
Fílmicos, proyectamos de todo sobre las hormigas al verlas
ya que entomofobias de fondo generan identificaciones patentes
si bien con Sohravardi creemos que ellas
son caminadoras periféricas del sol central
del que ni noticias tenemos salvo que descendamos.

El gallo de la siesta transmite ese horno
que es el horno del cabro barbastriano
engallando en buenas arenas, en su isla de Viernes
sus limbos de «Viví de una vez»,
no de dos, cinco o nueve,
un aciertócrata del mascarse a fondo
en sus playas La Faraona
esa incitavergas en su colchoneta volante
inflada navega por el desiertoplume y señala
un cacique motorizado por su nueva causalidad
proyectándola victorialmente a cada cosa.

Y a cada grupo de vergátiles y conchas
que sacudan a fondo el mediodía de Rosíah:
buena madera de estrellas, de nilinas B-mundo,
espumante de laudes,
y mis zapatos con broche dorado
todavía brillan en su descanso eruptálgico
birlando cada perla que se escurre
entre escupidas de remeros del Amenta:
no tienen descanso sus fiestas entre barco y simas,
flotan por la nochedía y en el embuche de las olas
por donde el agua les vierte sus cristalerías.

Hay también tres orífices o diosas
y una anguila que de tan peneana las esponja
pasando por alguna técnica del entusiasmo operativo
una óptica encarnada del alto sinestesiato:
parados en una esquina de quilla que no está en un solo lugar
aunque ellos lo estén,
en el único lugar de todas partes,
imperceptibles y multiplicantes.

El ámbito que hacemos se hechimbra
en veranáculos de mallistas, cazadores de luminarias fuertes,
turgen las pantorrillas,
urgen hacia el regicidio delectado o la matanza de esclavos
según cada señorío que actúa su ready-made agente.
¿O no querías ser la asaltante de carrozas a las 13:19?
¿O el cacto rítmico pero enfundado de balámenes hasta que acabe?
¿O la que come del plató que fuera mientras sea a rajas?

En el Egeo de las lanchas que no veo
navegan corchos de las recién destapadas:
«Estamos de parto, ¿sabés?».
Livor de placentocosmias
te dedican sus goteos las manteras de mediocielo…………………………………….

 

 

 

naKhlah Khan. Buenos Aires, Argentina, 1968.  Poeta, escritor, performer y docente, también conocido como naKh ab Ra de naKmar, ná Khar Elliff-ce, Khatarnak y Khabandar, entre otros. Ha publicado los siguientes libros: Ovnipersia (2001); Umbanda Jackson (2003); Boingo-Bong (2008); Zoor-B (2011); el ensayo Informalescencias con ethos al barroco publicado junto a los Poemas Completos de Néstor Perlongher (2012); Selección y edición de Perfórmatas «X» Alógenos, AAVV (2013); Indios del Espíritu (2013); Los documentos de la Escuela Nocturna (2015); El Desconocido Ondulante (2016); ZOOR (2016) y –¡Santas Incubaciones! –7 no-relatos – (2017). Es fundador y coordinador de la Estación Orbital Alógena.

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