¿Por qué no reescribir?

Entrevista a Héctor Hernández Montecinos

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Jesús Montoya

 

¿De dónde proviene la idea de construir Debajo de la Lengua con base en la reescritura?

Debajo de la Lengua es un libro de viajes, una bitácora poética por diferentes países de Latinoamérica. En ese sentido, el ingreso a cada país fue mediante su poesía, sus poetas, muchos de ellos amigos queridos. Y más aún, esa aproximación no solo fue como lector sino como uno que además de leer, puede escribir. No es el crítico que escribe sobre una obra, sino una reescritura que escribe con esa obra. Se trata entonces de un diálogo horizontal, activo que se produce entre dos escrituras, una matriz y la otra potencial. No es solo un diálogo sino que un modo de creación que hace una pregunta incómoda a los conceptos de obra propia, autoría, literatura. De este modo, me complace pensar el continente como un crisol de lenguajes, de fracturas, de intermitencias en esta habla mutante que doblega a la lengua madre, a la idea del idioma como institución. Los tres capítulos de Debajo de la Lengua tienen que ver con Perú, México y el resto de países de Latinoamérica, respectivamente. No sé cuánta coincidencia haya en la relación virreinal, barroca y como centros neurálgicos de la circulación cultural de la América de la Conquista y Colonia. No obstante, lo que sí observo y me interesa es el uso de las escrituras documentales en aquella época (diarios, cartas, memorias, crónicas, etc), de algún modo el nexo con las escrituras experimentales de hoy. Lo que era el palimpsesto, es decir, el uso de un mismo soporte para varias escrituras, lo vemos hoy en un blog, pero sobre todo en el formato de la novela no tradicional o la poesía que se permite performances de escritura tales, pliegues de materiales u operaciones críticas como la propia reescritura. 

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¿Cómo influye internet en la reescritura de las obras literarias? ¿Crees que es beneficioso?

Internet es la gran reescritura de todo. Se pueden tomar las obras de cualquier escritor, artista y mediante filtros, aplicaciones, programas, hacer y deshacer con ellas. Wikipedia es el gran ejemplo de este sentido de la reescritura, es decir, una enciclopedia que se basa en justamente reescribir la información que un precedente agregó sabiendo que otro podrá hacer lo mismo con respecto a tí. Encontramos más obras clásicas en internet que en cualquier biblioteca del mundo y la posibilidad de trabajar con ellas es infinita. Es por esto que en una época hubo muchas discusiones con respecto a los derechos legales de una obra, pero ante la masividad de su uso y la capacidad de circulación casi ilimitada se prefirió por un tiempo dejar que se expanda el alcance de estos usuarios. De algún modo es la nueva Babel de las lenguas, los lenguajes, las hablas, pero también de los silencios y la soledad. 

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¿Por qué no existe ningún autor chileno reescrito en Debajo de la Lengua; lo contrario al apartado «lapoesíachilenasoyyo» en La Divina Revelación?

Por lo mismo que te comentaba antes, al ser una conversación con poéticas del continente, desde, por ejemplo, las reescrituras que hice de poetas muertos como César Vallejo pasando por el mexicano Manuel Capetillo, Marosa di Giorgio, Raúl Gómez Jattin, Leónidas Lamborghini, Jaime Sáenz, Roberto Piva o el joven nicaragüense Francisco Ruiz Udiel, hasta las casi cien reescrituras de poetas vivos, quise que Chile fuese un lector espectador de esos lenguajes alucinantes, poderosos, visionarios. Las reescrituras de «lapoesíachilenasoyo», que son las de Neruda, Mistral, Huidobro y De Rokha, y por cierto de La Poesía Chilena de Juan Luis Martínez, que aparecen en La Divina Revelación, tienen un carácter distinto a las de Debajo de la Lengua, ya que no es solo el diálogo sino que al constituir un canon fundacional existe una arista de intervención, de tensionar el modo en que se lee un clásico prácticamente contemporáneo. El pensamiento que rodea a todo esto es que en Chile el campo literario, el mundillo poético desconoce en su gran mayoría la producción del resto de los países de Latinoamérica. ¿Qué sabemos acá de la poesía de Venezuela, por ejemplo? ¿O de El Salvador? ¿De Paraguay? Lo que es antagónico con la poesía de Chile, pues en cualquier país son reconocidos, además de los cuatro grandes ya mencionados, la poesía de Parra, Gonzalo Rojas, Raúl Zurita. Es un poco algo parecido a una justicia poética.

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¿Por qué no reescribir a Raúl Zurita o a Nicanor Parra?

En cuanto a reescribir a Zurita o Parra, en efecto, lo hice, pero no yo como autor sino como convocante. En 2009 se cumplieron treinta años de Purgatorio de Raúl y esa vez invité a algunos poetas amigos latinoamericanos para reescribirlo, de entre ellos el que más recuerdo es el del guatemalteco Alan Mills que lo leyó desde el Xibalbá, que es el inframundo en el mundo maya trabajando la enfermedad, el dolor, la muerte. El proyecto de edición no prosperó y esos textos quedaron inéditos. Lo mismo pasó meses antes del centenario de Parra en el 2014. Hice un llamado mediante redes sociales a poetas jóvenes principalmente y de todos los países de Latinoamérica para que cien autores reescribieran cien antipoemas y obras visuales. El proyecto fue tomando forma y llegaron varios textos, pero los plazos de entrega fueron venciéndose hasta que finalmente el proyecto quedó trunco. Lo frustrante de estas dos experiencias es que ese material quedó ahí, pero lo bueno es que sigue abierto y no sería del todo descabellado insistir con la experiencia de Purgatorio diez años después, por ejemplo, o con lo de Nicanor. De hecho, sería fantástico. 

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Hay algo que me parece interesante en Debajo de la Lengua, y es que más allá de unas pequeñas señales a la jerga latina, no hay una exploración como tal hacia la lengua vulgar, sino hacia la tensión (lenguaje) de las escrituras poéticas de los textos reescritos, ¿por qué?

Debajo de la Lengua, además de lo que te decía al comienzo, tanto como título y como concepto, es una reescritura de Sobre la lengua vulgar de Dante. Un librito que escribe entre 1304 y 1307 y que es una férrea defensa de las lenguas vulgares frente al latín, que era la hegemónica junto al griego. Su obra es uno de los primeros y más reveladores trabajos de crítica literaria que piensan ya la comunidad de lectores, la institucionalización del idioma y la necesidad de la diversidad en cuanto a estilo y política. Lo que hace Dante es construir una teoría de lectura, reescribir la historia de la lengua para proponer el uso de las variantes dialectales de cada idioma, pero sobre todo para darle legitimidad a su poética reivindicatoria. De algún modo es lo que él hace al escribir La Divina Comedia en toscano, lo cual le llevó a ser duramente criticado y menospreciado. Esos guiños al latín que mencionas tienen que ver con esto, con esa lucha de los lenguajes mutantes latinoamericanos, como les llamo, con respecto a la lengua madre que sería el español, o mejor dicho el castellano, ya que en España se hablan varios idiomas. Esa es la tensión que recorre el libro, la independencia y la imposición, lo minoritario y el poder.

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¿Está envuelta la práctica reescritural en sus obras con los postulados teóricos del postestructuralismo?

No sé cuánto tenga que ver directa y conscientemente el postestructuralismo, al menos en mi caso, pero sí existen prácticas similares, por ejemplo, lo que te decía con respecto a complejizar la autoría, la idea de autor que es algo en que pensaron mucho Barthes y Foucault, o con respecto a la obra como un plan de agenciamiento o máquina de guerra, que son ideas centrales en Deleuze y Guattari. En sí, me interesa el postestructuralismo en este tema, porque creo que son reflexiones desde la escritura sobre la escritura, basta ver el trabajo de la gramatología de Derrida o ya Blanchot, que es un antecedente directo. La escuela francesa tiene este matiz de intervenir la escritura, por eso mismo la asocio mucho al quehacer poético, problematizar el lenguaje, los géneros, las expectativas de lectura. Hace poco releía Fragmentos de un discurso amoroso y me pareció una novela hermosísima, incluso una reescritura reflexiva de la obra de Goethe, porque en este sentido la reescritura, al ser un procedimiento, una operación creativa, no solo se circunscribe a la poesía, sino a cualquier tipo de acontecimiento posible entre la escritura y la lectura.

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En la revisión de algunos estudios: reseñas críticas, ensayos y trabajos de alto grado académico como tesis doctorales, no he percibido un análisis exhaustivo de la poética de los «Novísimos», mucho menos de aquello que enmarca el tema de la reescritura en su obra, siendo tan evidente, ¿a qué cree que se deba esto?

La crítica académica, más bien dicho la academia en general, suele tener un retraso de unos quince o veinte años en relación con lo que se está produciendo literariamente. Estoy siendo optimista. En el caso de Chile, la crítica está cooptada por el mercado, y es en sí misma un mercado, tanto a nivel de fondos concursables como por ser una extensión de las novedades de las editoriales transnacionales, es decir, no es crítica sino publicidad. En cierto momento aparecieron varias lecturas sobre lo que fue la Novísima, pero casi nunca sobre su escritura, su especificidad o singularidad. Aunque el mismo fenómeno se dio con la poesía hecha en la década anterior y esto pasa porque para muchos estas escrituras de los últimos 25 años son un fenómeno demasiado reciente, difícil de leer por su cercanía. Pensando en esto es que armé un libro que trata sobre lo mismo. Me refiero a Buenas noches luciérnagas, que no sé muy bien si es una novela, un ensayo, un manifiesto o una arenga, pero su tema es la poesía chilena reciente, la escritura y sus exterioridades, a la vez que una crítica a la crítica de la que estamos hablando. Sobre la atención a la reescritura es un tema que sobrepasa a la crítica y tiene que ver más bien con la teoría literaria, que es un espacio mucho más reducido, más complejo y menos comercial. En efecto, este pensamiento sobre la escritura, que es propio de la teoría, lo están ampliando hacia nuevos límites autores literarios en nuestra lengua como Ricardo Piglia, Enrique Vila-Matas, o más allá David Shields o el fabuloso Pascal Quignard.

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La poesía latinoamericana actual, como gran parte de su ficción (novela, cuento) se ha caracterizado por un excesivo uso del metalenguaje, de la autorreflexión, develando al lector en ese proceso, e incluso, en cierta medida, haciéndolo parte del mismo: ¿será la autorreflexión un rasgo predominante en las poéticas del porvenir?

Creo que sí, y no solo del porvenir sino que por ejemplo estos autores que te menciono vienen trabajando en la autorreflexión literaria desde la propia creación hace ya un tiempo, sin mencionar operaciones tan actuales como Cide Hamete Benengeli de Cervantes. Me imagino que en cierto aspecto la diferencia y distancia entre la literatura moderna y la contemporánea es este mismo punto, la conciencia literaria, que es a la vez la que crea la idea de autor. La literatura de hace trescientos años era diferente a la de hoy por la función que le damos a esa autoría, al sujeto que escribe y lee en un lugar determinado. Mucha de la literatura medieval, por ejemplo, nos resulta completamente actual y contingente en ese sentido, no es la escritura la que modifica su posibilidad de lectura sino el hecho tal de cómo y desde dónde leemos. Cervantes es el ejemplo que comprueba esta excepción. El lector es una figura clave, es el nuevo protagonista de esta literatura que no es contemplación. Ya no solo es el sujeto condicionado que recibe un texto y lo decodifica, sino que es una parte esencial de la creación literaria como tal, la posibilidad y la voz de los lectores imaginarios. Volviendo a la reescritura, es ella en sí misma una autorreflexión sobre los límites de ese autor, de su estilo y de la «propiedad intelectual» de una obra. No es un recurso nuevo, obviamente, pero sí la lectura y los alcances que hacemos de él en este horizonte en que la literatura y la ficción parecieran desgastarse en un mundo que cada vez es más ficción.

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Hay en la crítica actual un disgusto solapado, arcaico si se quiere, a quienes ejercen la práctica de la reescritura, que ha llegado a instancias legales; por ejemplo, el caso de Pablo Katchadjian en Argentina, ¿qué piensa de esto?

Concuerdo contigo plenamente. Para muchos la reescritura es una operación digna de quienes no tienen qué decir, de quienes se les acabó la «inspiración» o autores que están directamente plagiando. En un momento en que el autor literario, en el seno del capitalismo, se engrandece mientras más concentra poder la institución que lo valida, la propiedad privada vuelve a convertirse en un tema prioritario o, en el caso de Katchadjian, legal. Lo que pasó con él es paradigmático en muchos aspectos, pero el más desolador es que contraviene todos los postulados del propio Borges. En vez de ser un gran gesto autoral que hasta le devolvería la vista para leer esta versión engordada terminó siendo una polémica sensacionalista e injusta. Hace un par de semanas el caso fue sobreseído y la demanda ya no existe. Todo esto fue tan ridículo como si alguien hubiese demandando a Duchamp por sus ready made, concepto que de alguna manera es hermano de la reescritura. A lo que voy es que la reescritura no es solo una forma literaria sino que implica y complica un marco legal, jurídico, pone en discusión muchas aristas de la creación, la libertad y el modo en que diferentes escrituras conviven, es decir, su política.

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Jesús Montoya. Tovar, Mérida, Venezuela, 1993. Licenciado en Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana de la Universidad de Los Andes. Ha publicado Las noches de mis años (Monte Ávila Editores, 2016). Obtuvo el premio en la mención de poesía por el libro Primer viaje del XXIII Concurso de cuento, poesía y ensayo (DAES) de la Universidad de Los Andes (2013). Asimismo, fue merecedor del primer lugar del XVII Concurso Nacional de Poesía Joven Lydda Franco Farías (2014). Ganador de la segunda edición del Concurso Hispanic Culture Review (2017) en la mención de ensayo, organizado por George Mason University. Forma parte del equipo de redacción de la revista POESIA y es editor de la revista Insilio. Recientemente fue merecedor del I Premio de Poesía Hispanoamericana Francisco Ruiz Udiel por su libro Hay un sitio detrás de los incendios.

Esta entrevista fue realizada en junio de 2017 al poeta Héctor Hernández Montecinos y es la última entrega de La R incógnita, una serie de aproximaciones teóricas a la obra del poeta chileno, que constituyen el trabajo especial de grado para optar al título de Licenciado en Letras por parte del poeta Jesús Montoya.

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