Ludovic Janvier

Selección

 

Ludovic Janvier, en estado de frase

 

es tan sencillo no había por qué nacer
dice, y sin embargo
dada la esperanza encajada al cuerpo de la palabra
…………………………………………….¡bueno! entonces me quedo

 

Aparte respirar de vez en cuando, lo mejor de su vida, Ludovic Janvier lo pasa en cazar la exactitud de las palabras y de las voces. Incansable pero cansado, él apuesta en el rigor de ellas para decir el desespero de jamás llegar a ser tú mismo, él, sin embargo perro de la esperanza.

Él prepara lo imprevisible por el cual cada poema adviene como una sorpresa, un acontecimiento que da forma al ser. Por eso su arte se prohíbe la repetición y no se deja instalar en ningún hábito. Al contrario, él espera de la escritura que ella lo cambie, lo destierre en su propia poesía:

A cada pájaro eso recomienza
Nuestro vuelo interminable

A pesar de una obra ya amplia y reconocida con varios premios, Janvier no deja de ser este eterno principiante que retoma todo de cero, reinventando hasta la idea de poesía, él que no se instala en ninguna certidumbre, él, definitivo caminante. Por supuesto, esto molesta, ya que él no se queda nunca allí donde uno creía encontrarlo. Es que él acecha de lo más cerca nuestra inconstancia, como uno acecha el viento. Por eso podemos entender que su poesía no pueda tomar el tiempo de un estilo, de una postura, de una manera, ni siquiera de seguir una vena de escritura a penas descuidada.

Se ausentó en sus propios textos, y es así que él es grande. No como profeta o como albatros baudelairiano que «sus alas de gigante impiden caminar», sino grande por el riesgo reiterado que él toma, de la humildad del aprendiz que él asume con obstinado orgullo, él, compañero de camino de la nada que subleva en cada palabra.

La extrema necesidad de sus poemas –y habría que decir lo mismo de sus novelas y relatos, todos escritos con la misma pluma de poeta- reside en la apuesta de cada uno de ellos hace sobre su aptitud para captar –y perder- un fragmento de existencia. Esta operación que acontece con la ventura de una forma, no rechaza de antemano ningún medio, ningún camino. El humor, la burla, lo cómico, la autoironía, lo irrisorio se invitan. Nada más serio, más imprevisible, que la agudeza del Bufón.

Estoy muy complacido que Poesía publique esta selección de poemas de Ludovic Janvier. La traducción está a la altura de su exigencia maniática: él la revisó palabra por palabra con la traductora. A veces él reconoció que prefería ciertos versos en la versión española. Confidencia tan improbable en un fanático de la perfección que ella dispensa de todo comentario.

Espero que este gran solitario en París, mal soportado porque insoportable a sí mismo, reconocido tímidamente porque ineludible, admirado discretamente porque admirable, encontrará en Venezuela, tierra de poesía, la escucha que se le debe. Lo puedo decir aquí sin su permiso: él es un magnífico e intransigente poeta.

François Migeot

 

 

Si ver existe apenas

Por cada vuelta de la rueda con su chillido
la carreta que viene hacia ti cargada de pasto
te calma y te hace daño uno diría que tú pesas
de pronto mucho más pues ella carga
a la zaga todo el verano que tú mirabas
pasar niño sin verlo y es ahora
cuando tú ves pero eso ya no es más él eso ya no eres tú
nada solo un olor de pasto un chillido de rueda
en un país que está en otra parte una otra vida
que quiere decir olvidar si ver existe apenas

.

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Exultate jubílate

Habiendo repetido que la vida verdadera comienza con el día
habiendo corrido solo en la bruma riéndome de mí
habiendo cagado tan perfectamente que me sentía claro
habiendo escuchado resonar mi nombre sin creerlo
habiendo buscado con los ojos una araña siempre posible
habiendo visto de nuevo la hierba que cortaba tempranito
habiendo lavado mi piel sorprendiéndome de tener cojones
habiendo hecho rictus de odio a mi cara en el espejo
habiendo bebido y hartado diciéndome quien lo creía
habiendo deseado la dulzura y el peso de sus senos
habiendo cerrado los ojos sobre la quietud negra del estanque
habiendo pensado tiernamente en Sam acaso piensa él en mí
habiendo mirado cinco veces por nada en el buzón
habiendo repetido el final de Figaro esperando llorar
habiendo sentido mi corazón diciéndome cuándo la caída
habiendo sonreído a la humilde sonrisa de Kafka
habiendo pensado ahí donde estoy es el amor que falta
habiendo merodeado de par en par el instante rosa del cielo
habiendo dicho tú pierdes tu vida
…………………………………………….habiendo escrito este poema

.

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Acaso duermes

De día es allí que la palabra envía
esos trozos de ti a las cuatro esquinas del mundo
la noche pasa en la imposible recolta
somos dos uno que se acuesta el otro que
se empaña en levantar espesuras sin ver
por impaciencia uno se ahorca  con las sábanas uno suda
yo soy el amargo pastor llevado por su tropel de imágenes
él me obliga a hacer los cien pasos
a pesar de toda la noche recia sobre mí como una tierra
eso no es el ruido de la sangre que se me ahoga
ni el trabajo del corazón de golpes profundos
es acaso la mentira pegando a las palabras desde siempre
– un día se sabrá yo existía apenas –
o solamente lo negro hocico abierto sobre mi cara
o lo por nada de todas esas vueltas todo el tiempo
el tiempo perdido para estar seguro de morir justamente
justamente el tiempo perdido
………………………………………debí dormirme
el día viene a paso de pájaro en los techados

.

.

La palabra lago

Nada más que al decir la palabra lago
el cielo toca tu cara
un viento claro te agarra los cabellos
la frescura viene al borde del ojo

Ese roce se volverá
vuelo de pájaro que raja la sed
esta calma respiración
es el agua que baña el pensamiento

Al fondo del negro instante callado
el inmenso pozo se abre a los pulmones
olvidado el golpe de la sangre
uno es tan liviano como el aire

.

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A quien hablar de ti

A quién hablar de ti si no a la palabra
tu muerte se volvió manera de mirar
al final de esperar esperar queda abierto

las palabras para intentar estar muerto contigo
hacer una tumba con las palabras para que quede tu huella
un poco de ruido en el habla en lugar de nada
las palabras como perros que envías a lo negro
y que regresan turbadas por el silencio

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Sueño de hijo

A saber por qué el claro cementerio
y la tumba fresca cerrada
de mi madre nunca viste muerta
(un empleado rastrilla por siempre
una alameda por siempre desorden)
me invadieron por la ruta del sueño
con ese mal gusto de demasiado tarde
hecho para romper de lágrimas
al lindo hijo que no solamente
no lloró pero se admira aún
después de tanto tiempo de no sentir nada
hasta da risa la palabra hijo
si hablamos bien del mismo mentiroso
a su mamá vivida muerta sin él

total él erra entre las tumbas
en busca de un verdadero lamento
pero nada para llorar por ahí
sino una mamá sin importancia
una muerta impotente a morir
que no hace falta entonces por qué ese retorno
por qué el jardinero por qué la tumba abierta
bien cerrada la sábana escogida por ella
testaruda lánguida y remilgosa
se fue a enfurruñarse al fondo de la espesura

cierren esa tumba y déjenme
déjenme continuar sin ella a partir
sin amor como ella me enseñó
hijo de su ausencia y jamás contento
porque soñar y morir tienen el mismo cielo

.

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Para decírtelo todo

Tú que te sacudes al oír tu nombre
tú por quien pensar busca qué pensar
tú que te jactas y desesperas cada día
y cada día retomas raíz en tus olores
tú con esa risa brusca donde el negro se invita
tú que mirar llena pero vacío inagotable
tú que tartamudas por amor imposible y decir absoluto
tú que una araña mano de noche en la pared hace gritar
tú que te measte más de una vez en el agua por lo tibio
tú el asesino in petto el torcionario platónico
tú el alucinado siempre niño por una mujer desnuda
tú el caído del cielo que se abandona por éxtasis
tú lentamente haces rodar tus bolas entre tus dedos
(parecen pensamientos) tú que metes el infinito
en un pájaro en una mirada en un porte
tú que te compones y te perfumas en temor de lo podrido
tú que difieres sonriendo la delicia de cagar
sonriendo más de una vez tú que te tragaste tu jugo
(que decepción) tú el loco de aire el loco de agua el loco de nubes
tú el impostor que no sabe casi nada de lo que sabe
tú el celoso tú el vacante tú el estribillo
tú que canturreas por esperanza y ¿qué más?
tú que hablas por nada por la voz por el ritmo
tú que envías estas palabras lejos de ti hablar de ausencia
tú ves aún tú no habías del todo dicho todo

.

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El escrito de François Migeot y la selección de poemas fueron traducidos por Judith Alvarado – Migeot. Textos que acompañan la edición especial impresa de Poesía n.° 148 (2007) dedicada al escritor Ludovic Janvier.

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