Otto René Castillo

La vida de mi vida: poesía e insurgencia

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Daniel Arella

 

Gracias a la poesía, la historia rechaza todo lenguaje
erudito y asume su más alto sentido, logra su más alto
propósito: traer al mundo presente, mediante un lenguaje
genesíaco, los hechos que permanecen al fondo de los siglos.
Ludovico Silva, Teoría poética

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Me acompaña emocionado el sacrificio de ser hombre.
Otto René Castillo

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i

Otto René Castillo nació en Quetzaltenango, Guatemala, el 25 abril de 1936. Su infancia y adolescencia estuvo marcada por un período de reconciliación democrática iniciado con el derrocamiento de la dictadura de Ubico y la elección constitucional del Presidente Arévalo, quien toma medidas y decisiones en favor del pueblo guatemalteco.  Presidente de la Asociación de estudiantes de Post-primaria, su permanencia activa en el Partido Guatemalteco del Trabajo, permitió su apertura a la poesía de trinchera: César Vallejo, Miguel Hernández, Nazim Himet, Pablo Neruda, Paul Éluard, José Martí, Bertolt Brecht, como su compromiso con el ideal de la lucha revolucionaria en defensa de los países centroamericanos esclavizados, junto a otros poetas, campesinos, obreros y dirigentes estudiantiles. En 1954, el golpe militar al Presidente Jacobo Arbenz, por motivo de su promulgación de la Reforma Agraria, que formulaba la expropiación de más del 85 % de las tierras no cultivadas de la United Fruit Company para el uso de los campesinos, lo obliga a exiliarse a El Salvador con otro grupo de jóvenes comunistas.

Cuando el presidente Eisenhower, el vicepresidente Nixon y el secretario Dulles, en 1954, dieron autorización a la CIA para llevar a cabo un plan, llamado «Operación éxito», para derrotar al Presidente institucional de Guatemala, Jacobo Arbenz, no actuaron para defender los intereses de las etnias de Guatemala, ni en favor de la población de dicho país. La decisión de sustituir la presidencia institucional de Guatemala por un régimen encabezado por un títere militar virtualmente desconocido, de nombre Carlos Castillo Armas, fue tomada con miras a la defensa  de los intereses de un compañía estadounidense, la United Fruit company. Durante los primeros años de la década de los 50, las tierras de la United Fruit corrieron el riesgo de ser expropiadas bajo el régimen de la Reforma Agraria de Jorge Arbenz. Veinte años más tarde, la misma compañía vendió en 1972 todas sus pertenencias a la compañía Del Monte durante su –no tan exitoso- proceso de unión a otro consorcio, United Brands.[1]

La Reforma Agraria representaba un gran beneficio para miles de campesinos; les otorgaba la oportunidad —por primera vez en la historia de Guatemala— de trabajar y producir su propia tierra. No fue visto de la misma forma por los terratenientes, latifundistas y por los intereses neocoloniales de las empresas norteamericanas, que percibieron en la promulgación de la ley emitida el 17 de junio de 1952 por Arbenz «un atentado a la democracia», ya que la mayoría de ellos ocupaban puestos importantes en la dictadura del gobierno. Ya en El Salvador, Otto René recomienza su militancia política, anudando lazos activistas con poetas y trabajadores comprometidos que también habían vivido la opresión de las dictaduras centroamericanas, y habitaban —como él— en toda esa memoria cruenta de torturas, persecuciones, instigaciones, interrogaciones, deportaciones, secuestros e impotencia. Escribe sus primeros poemas de aliento comunista que publica en la prensa salvadoreña, con la convicción moral de su dolor por la país :

Han tocado
a la puerta.
Frente a mí, dos ojos roncos.
Y atrás, un niño que apenas lo sostiene,
con sus seis años de miseria nacional,
de infamia nacional, de cobardía nacional.
Tiende su mano limosnera
y sobre el rostro de mi país
cae
mi corazón a puñetazos,
protestando
por la muerte previa
de este hombre.

Con solo 19 años gana el Premio Centroamericano de Poesía, abriéndole  las puertas al mundo literario salvadoreño y al encuentro con los grupos intelectuales comprometidos. En 1956 funda el Círculo Literario Universitario con Manlio Argueta, Roberto Armijo y Roque Dalton, en donde se debate en torno el compromiso social del poeta en un país explotado, como el surgimiento de un lenguaje humano en la poesía que rinda cuenta de la injusticia. Otto René Castillo vive acuciado por la intensa actividad clandestina de promoción ideológica, resistencia y bohemia cultural, por lo que con frecuencia tiene que cruzar la frontera con Guatemala de forma secreta y entrar en contacto con los núcleos de insurgencia establecidos y nacientes. En 1957 regresa a su país a causa de la muerte del dictador Castillo Armas y reanuda sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad San Carlos; allí nace la importante revista Lanza y Letras, que se convierte en un órgano literario imprescindible de difusión sobre las ideas revolucionarias de la época para toda Centroamérica.  En 1959 gana una beca para estudiar la carrera de Artes en Leipzig,  en la República Democrática Alemana, suspendida al poco tiempo para enrolarse en el equipo de Joris Ivens, cineasta holandés preocupado en filmar y documentar la lucha armada de los países latinoamericanos. En su regreso a Guatemala, publica su primer poemario Tecún Umán (1964)  y emprende de nuevo su doble vida unificada de poeta militante. Antes de volver por última vez a su país y unirse definitivamente en las FAR (Fuerzas Armadas Rebeldes), es exiliado de nuevo, por lo que decide viajar por distintas naciones del mundo, entre ellos Cuba, Austria y Argelia, país que visita por la celebración del Festival Mundial de la Juventud en condición de representante estudiantil de Centroamérica. En 1968 se reedita de forma póstuma, con prólogo de César Montes, Vamos patria a caminar, que corrige y prepara en la cárcel, en la víspera de su asesinato.   

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ii

El tono que enhebra los versos del poema «Vamos Patria a caminar» es olímpico, por su fuerza y el torrente de su convicción que no fenece en el punto más álgido de ese alarido que es el dolor por los suyos. Pero no es un alarido que se quebranta en la blasfemia, sino que se recupera desde la cólera hacia la ternura, desde la indignación hacia la esperanza. La rebelión que reivindica y ajusticia desde la emoción conmovedora de la canción, desde la canción que no perdona, desde la canción canción, es la resistencia del gesto heroico, la mirada solar de su historia, la ternura rabiosa de su pasión por Guatemala. «Me acompaña emocionado el sacrificio de ser hombre». En este verso está contenido el encabalgamiento espiritual de la composición poética, es decir, la corriente vital que justifica el surgimiento del poema, lo relampagueante de esa transparencia del hombre que respira y deja de respirar, torturado de forma brutal,  junto a su compañera Nora Páiz, en el cuartel de Zacapa en el año de 1967, fecha en que se le hace entrega el Premio Nobel de Literatura al escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias. El poeta-guerrillero Roque Dalton, analiza la coincidencia de las fechas con la lucidez inconsolable de quien fue su amigo y compañero militante, poniendo al descubierto las paradojas ruines de la historia, los consorcios literarios y la diplomacia intestina:

La muerte heroica de Otto René Castillo es la máxima prueba del respaldo que dio con sus hechos a la aceptación de que «el poeta es una conducta moral».  Hay a este respecto una comparación que salta a la mente y que desnuda la miseria de ciertos aspectos de la circunstancia histórica que les toca vivir a los pueblos centroamericanos.  La máxima fidelidad al contenido de esa frase llevó a Otto René Castillo a la tortura y a la muerte.  La más absoluta traición a los principios que esa frase involucra, ha llevado en cambio a quien la emitió y la acunó, Miguel Ángel Asturias, a recibir los máximos honores de la sociedad burguesa: a la embajada parisina de la criminal dictadura militar guatemalteca que asesinó a Otto René Castillo, al goce, uso y usufructo del Premio Nobel de Literatura. [2]

La muerte trágica del poeta en manos de los núcleos militares anti-comunistas de la dictadura abren la historia de un hachazo y la ven tal como es por dentro: podrida, desde un espejo blindado por las lágrimas, arrancando máscaras, vestidos y rostros, por la coherencia de su destino, denunciando la traición que puede concebir un escritor como Miguel Ángel Asturias a sus palabras: «El poeta es una conducta moral», reflejando su rostro surcado por la masacre de miles de guatemaltecos, a quien ya hecho cenizas sobre la tierra siguió como un pregón y una doctrina: Otto René Castillo, símbolo de la juventud revolucionaria en Guatemala. Los poetas de la Generación Comprometida afirmaban que «No hay estética sin ética». La ética es la voluntad ardua de cumplir con el verdadero destino; decidir, desde el terror que consiste en ser libres, por la entrega desprendida de liberar a los otros. La actividad guerrillera en Otto René Castillo, más que la resistencia de la revolución popular, consistía en la reconciliación física y espiritual con las antiguas tradiciones indígenas. El conocimiento de los secretos ancestrales de la tierra se adquiría a través de las privaciones de sed, hambre y sueño que provocaban el peregrinaje armado. Luis Cardoza y Aragón lo expresa así: «Nació en años de dictadura y su vida la pasó en un túnel donde encendió fogatas.  El amor y la indignación lo llevan a las montañas; por unos ojos azules, por los ojos negros del pueblo»[3]. Las condiciones miserables de existencia en la selva ponen a prueba el temple del soldado, quien encuentra la fuerza para continuar en el ideal indestructible de un propósito colectivo, en la certeza profunda de su sacrificio. Recobrar, desde la intemperie ruda de la clandestinidad, el silencio intacto en donde convivieron los indígenas con sus antepasados, abre el ímpetu sagrado de la lucha revolucionaria. La reconciliación con el pasado ancestral es el fin último e inevitable del recorrido tortuoso de los núcleos guerrilleros, que emprendiendo la guerra por la defensa de la autonomía del país,  terminaron habitando el verdadero país en el corazón de sus raíces.

El pacto amoroso de este compromiso fija en sus versos, en su inmanencia cándida, despojados de retórica, la ilusión de la esperanza que fue real con su vida. Roque Dalton, en su catártica y despeñada novela-diario Pobrecito poeta que era yo (1981), dedicada, precisamente, a Otto René Castillo, reflexiona sobre la escritura poética comprometida, sobre el lenguaje como vehículo de las emociones, «un producto humano de relaciones humanas»[4], en medio de una historia social virulenta. Las diferencias sutiles y encuentros que percibo en las poéticas de estos dos creadores me permiten adentrarme en sus posturas, las cuales registran las preocupaciones estéticas y vitales del auténtico intelectual centroamericano desde perspectivas disímiles. Otto René Castillo, escribió en su trabajo de tesis en bachiller en Ciencias y Letras (1958) del Instituto José Martí,  todavía inédita, lo siguiente: «La enorme importancia que tiene para todo poeta viviente los problemas que aquejan a la humanidad, es decir, al hombre de nuestro tiempo, quien dicho sea de paso, se encuentra situado en uno de los momentos más dramáticos de su existencia».

En sus poemas, se compromete de manera admirable con su historia y su pueblo desde la laboriosa paciencia y entrega, con alegría y voluntad de trabajo, mientras que Roque Dalton manifiesta su lucha y adhesión desde la rebelión y la blasfemia, desde la reconciliación agónica con lo humano. Otto René prefiere omitir las carencias y dificultades en el camino hacia la insurrección y pregona los valores sencillos de esperanza y revolución, Dalton se preocupa por encontrar una estética verbal revolucionaria. En el ocaso de esa estética despierta el día inevitable de la militancia, el día del verbo en la cara y la voz de la selva bajo los cielos blindados. La estética es la ética, la ética, la épica. Con perspicaz y descarado atino, Dalton visiona el ideal de la poesía comprometida:

La esencia del realismo es melodramática. Eso es lo que me aterra del marxismo y los marxistas: no son la unidad de doctrina y talento en que yo había pensado (…) Si el marxismo es el fin de las filosofías, la literatura de la revolución debe ser el fin de las escuelas literarias, y tal vez de la variedad de géneros, pasar a ser creación del hombre colectivo, del nuevo hombre socio-parido[5].

En Otto René Castillo, los poemas socio-paridos vinculan la composición inevitable con la indignación, composición que no termina sino en la determinación impasible de tomar el fusil y colectivizar la voz en la lucha.  Los muertos encima de la lengua, atragantando el grito, impidiendo la salida del canto. La sensibilidad popular  es traducida con paternal afán, con confesión de enamorado, con rabia conmovedora. Lorena Castillo Cabrera, en su estudio crítico sobre la obra del poeta guatemalteco, comenta de forma precisa: «El vigor de su poesía se localiza en la pureza de un lenguaje directo al referirse a seres humanos con un acervo acumulativo de significados»[6]. No precisamente es este el melodrama que apunta Dalton a propósito del realismo en la poesía comprometida, pero, ¿acaso la matanza de miles de centroamericanos obreros, indígenas y campesinos por las dictaduras militares no dirigen el poema hacia la drama del absurdo que provoca la blasfemia o el lamento reivindicador que se desprende de su dolor? Absurdo: sólo tú eres puro, diría César Vallejo, con la resignación devota del Hombre que sufre más allá del sufrimiento.  Poemas  de Javier Heraud, Jaques Viaux, Leonel Rugama, Gómez García, Sergio Saíz, Agustín Gómez Lubián  se unifican en esta desnudez frontal de la palabra que defiende con  —desamparo, rebeldía, ingenio, ternura, devoción— la justicia humana y la incomprensión infinita de su dolor, hasta con su propia vida.

La poesía es la verdad que no suplica, que no mendiga, sino que se impone, desde su airada dignidad justiciera, sobre las mezquindades de la historia burguesa y militar en su país y de todos los países explotados; porque es cierto, siguiendo  a Cardoza y Aragón, que  Otto René Castillo escribió para todas la patrias de Latinoamérica. No sólo es una reflexión sobre lo nacional, sino que está inmanente el mensaje de la imposibilidad de habitar la lucha sin poesía.  El poeta como el testigo insobornable, el hombre comprometido a dar cuenta y parte de sus condiciones adversas, pero sumando al clamor de la verdad toda su venganza gloriosa, que no se origina en el odio resignado, sino del amor violento que no acepta concesiones, de la llaga que sólo es capaz de soportar el enamorado, con todo su rumor de soledad, amargura y muerte. En el poema «Los fusilados», desde su comprensión narrativa global del suceso histórico permanente de masacre y violencia, logra volver epidérmico el sentimiento amenazado de esta correspondencia, al poner de testigo la transparencia ideal de la indignación: el grado cero del comunismo, la poesía. A la manera de un informe lírico del espíritu combativo,  cada verso encarna con esplendor mitológico la marcha hacia la muerte de la voluntad popular y, a la vez, con una convicción pocas veces vista en un poeta,  presagia su caída en combate junto a su compañera Nora Páiz en 1967:

De pie marchaban, silvestres y humanos.
Amarrados, como el cabello de las mujeres
populares, salían al encuentro de la muerte
con una canción universal en la garganta.

El activismo utópico es reclamado desde sus versos con la rebelión de su ternura, con la profecía de su temple guerrero. El sacrificio humano desnuda el ritmo de los versos hasta ver la herida que es el hombre que ama la vida con toda su muerte. Otto René Castillo escribió poemas de resistencia universales, poemas-himnos con aliento de varonil esperanza y solidaridad confrontativa. Sus poemas no son en vano, no fueron escritos para ser contemplados desde la belleza atemporal, sino desde la urgencia comunicativa, germinando en la impotencia sórdida de la historia política, con la luz natural que sólo los ojos del amor pueden obrar sobre el mundo: con voluntad de entera porfía contra los enemigos de la alegría.

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s e l e c c i ó n

 

Resistencia de la vida

Pero
las estructuras
para alzar
la casa del amor
y de la vida
desde un esqueleto
de ruinas y penumbras,
no llegaron
solas
a la garganta del pueblo.
Ni abrieron
sus alas,
en el pecho
de los hombres sencillos,
por mandato del cielo.

Antes
de ellas,
la ternura
se moría en las manos
del pueblo
como un pequeño sol
de invierno.
Y a cada sonrisa
seguía
un largo collar
de lágrimas
y guerras.

Antes de ellas,
la palabra
vida,
la más dulce palabra
de todos los idiomas,
era tachada
con odio
en los espantados
libros
de la culta Alemania.

Antes de ellas,
se había
declarado
la guerra total
contra los altos
resplandores
en la estrella amorosa,
contra la misma estrella
que titila en mi pecho,
contra la original estrella
que los mayas
ocultaron
en rueda de amor
de los katunes.

Sólo un bastión
inconmovible
defendió los azúcares del pueblo.

Sangre
de sus habitantes
incendió
las anchas calles
de Alemania.
Y no hay
un solo milímetro de tierra
alemana,
donde no haya un sacrificio
precursor
del presente y del futuro.

Sólo un bastión
inatacable
defendió los azúcares del pueblo.

Puños
de sus hijos
alzaron
la decisión
de la esperanza.
Y defendieron
El honor.
El orgullo.

La honra,
cristalina y simple
de la vida,
llenos
de la pasión vital
que alimentó
la fe de los aceros
proletarios.
Y donde estaba preconizada
una amplia derrota de la vida,
ellos profetizaron
la histórica necesidad de una victoria:
«Lucharemos hasta el fin;
hasta que la última gota de sangre
proletaria
quiebre su dulcísima cintura
en los pétalos del triunfo.
Lucharemos hasta el fin,
porque la lucha
que el hombre
hace con sus manos
es lo que el hombre
nombra su destino,
su historia,
su leyenda…»

Al pie
de los dolores
mundiales
agotó el hombre
su fe.
Su esperanza.
Su fuerza.
Sus últimas bondades,
para que nunca más
se prostituya lo hermoso,
lo bello,
lo grande de la vida,
en los campos de concentración,
inventados
para negar la historia,
la humanidad del hombre,
la sucesión de su ternura.

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Uno es así de extraño

En verdad,
crees que siempre
estoy alegre
y que nada me duele.
Ni tu partida.
Ni tu regreso.
Ni el frío
que nacerá
cuando de mí
te ausentes.
Uno es así,
cuando tiene tu edad.

Con tus años,
tú no conoces
la soledad.
A tu edad,
se la oye nombrar
a menudo
como a un pariente
muy lejano,
que nos alumbra,
desde lejos,
el fondo
del pecho.
Y uno cree
estar tan solo
y tan triste,
que la risa
de otros
nos parece
nacer
en la alegría.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.

Pero uno se equivoca.
Y pronto descubre
estar avanzando por el tiempo.
La soledad, entonces
ya no tiene la edad
de nosotros,
sino la edad del alma.

Ahora tienes
que mirarme el alma,
para saber si estoy
solo conmigo,
cuando te marches
mañana.
Sábelo,
todo lo tuyo
me importa en extremo.
Tu mano,
dulce y pequeña,
guarda mi rostro,
mis cabellos,
mis labios
encerrados
en su cuenco
moreno.
Tus labios
hechos
para que yo
los besara,
me guardan
en su húmedo
mundo.
Tu pecho,
está invadido
por mi tacto
salvaje,
que te busca
intranquilo
por las tardes.

Tú lo sabes.
Cuando te vayas,
algo de mí
se irá contigo,
no lo olvides,
alma mía.

Pero cuando vuelvas
puede que ya no
regreses conmigo,
porque ya me habrás
abandonado.

Uno es así,
cuando tiene tu edad.

Tal vez
cuando tú vuelvas,
ya me haya marchado
para siempre de la vida,
sin que tú lo comprendas,
ni yo lo haya querido.
Pero antes, amor mío,
quiero que siempre
creas en mis labios.

En mi voz.
En mis combates.
Aun cuando no volvamos
a estar juntos
por las tardes.
llenas de viento
y jacarandas.
Y que me mires como soy:
el más alegre de todos,
pero también el más triste.

Uno es así de extraño
cuando se tiene mi edad
y se lleva la gravedad
del mundo en la sangre.

Me gusta luchar,
para que todos podamos
ser felices algún día.
Lo sabes, amor mío.
Pero también
me gusta amarte
cuando hacia mí
vienen tus pasos.
Y sé que dudas tanto.
En verdad de verdades,
deberías quedarte
conmigo
para todos los tiempos.
Pero te vas,
sin que yo sepa
si volveremos
a vernos
solos
por las tardes.

Es tan extraña
y tan compleja
la vida,
que cuando vuelvas
puedes traer
otro nombre
escrito en las pupilas.
Amor mío,
lo sé, porque
también soy inconstante.

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Notas:
[1] Kruijt, Dirk. Sociedades de terror. Guerrillas y contrainsurgencia en Guatemala y Perú. N° 88. Programa Costa Rica, Facultad latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), p. 29.
[2] Roque Dalton. «Otto René Castillo: su ejemplo y nuestra responsabilidad», en Informe de una injusticia, Editorial universitaria Centroamericana (EDUCA) Costa Rica, 1975, p. 17.
[3] Cardoza y Aragón, Luis. El Río: Novela de Caballerías. Fondo de Cultura Económica. México 1986, p. 9
[4] Dalton, Roque. Pobrecito poeta que era yo…Centroamérica: Educa, 1981, p. 229.
[5] Ibíd. p. 294-295.
[6] Lorena Castillo Cabrera (compilador). Otto René Castillo. Su vida y obra. Biografía y Antología de poemas. Universidad de San Carlos de Guatemala. Facultad de humanidades. Departamento de postgrado. Maestría en docencia universitaria con especialización en evaluación. (Versión digital), p. 3.

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Bibliografía del autor
Tecún Umán. Ediciones Andrea, 1961 (col. Los Presentes).
Tecún Umán. Casa de las Américas, 1962.
Tecún Umán. Asociación de Estudiantes Universitarios, 1964.
Vámonos patria a caminar. Ediciones Vanguardia, 1965 (col. El Árbol y la Estrella).
Poemas. Casa de las Américas, 1971 (La Honda).
Informe de una injusticia. Antología poética. [Introducción de Roque Dalton y Huberto Alvarado, selección de textos de Alfonso Chase]. Editorial Universitaria Centroamericana, 1975 (Séptimo Día).
2ª ed., prólogo de Luis Cardoza y Aragón. Editorial Cultura, 1992 (Poesía Guatemalteca Siglo xx, 5, serie Rafael Landívar).
Para que no cayera la esperanza. Editorial Guaymuras, 1989.

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Antologías y recopilaciones
Otto René Castillo. Entre los poetas míos. Biblioteca Virtual Omegalfa. Colección antológica de poesía social. vol. 57.
Lorena Castillo Cabrera (compilador). Otto René Castillo. Su vida y obra. Biografía y Antología de poemas. Universidad de San Carlos de Guatemala. Facultad de humanidades. Departamento de postgrado. Maestría en docencia universitaria con especialización en evaluación. (Versión digital).
Otto René Castillo, Cuadernos de Guatemala, Número 3, Agosto de 2004. Associació d’Amistat amb el Poble de Guatemala.

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Bibliografía sobre el autor
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Poesía Social Cubana,  Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, 1980.

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Daniel Arella. Caracas, Venezuela, 1988. Poeta, Licenciado en Letras mención Lengua y literatura Hispanoamericana y Venezolana por la Universidad de Los Andes. Actualmente cursa la Maestría de filosofía por la misma casa de estudios.  Ha publicado el poemario Al fondo de la transparencia (Editorial el perro y la rana, 2012); El loco de Ejido (plaquette Colección de poesía naciente venezolana Ojos de videotape lospoetasdelcinco editora, Santiago de Chile, diciembre, 2013). En el 2015 recibió el XIX Premio Iberoamericano de Poesía por Concurso «Ciro Mendía» (Casa Municipal de la Cultura del Municipio de Caldas Departamento de Antioquia, Colombia) con su poemario Anatomía del grito. Poemas, cuentos y ensayos suyos han sido publicados en varias páginas webs y revistas digitales nacionales como internacionales: Cantera, Revista Casaviento, El Club de la Serpiente, Gente emergente, poetassigloveimtiuno Letralia, Afinidades electivas, Katharsis, La tribu de Frida, La ira de Orfeo, Cráneo de Pangea,  Poesía, Insilio, entre otras. El andrógino ebrio en el Haitón (Nuevos Clásicos Editorial, Bolivia, 2017) es su libro más reciente.

Este trabajo comprende una revisión panorámica de la obra de Otto René Castillo, preparado por Daniel Arella, miembro del consejo de redacción de POESIA. La fotografía fue tomada del audio visual del poema Respuesta de Otto René Castillo (2018).
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