Entremarino

Cecilia Ortiz

 

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Capitán:

El viaje más largo e importante que has hecho, es el viaje
hacia mi vida.

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Entre marinos

Entre marinos no se oyen los
los ruidos del corazón
ellos piensan enroscados
en las levas del ancla
siempre soñando con la tierra
Embrujados por las sirenas
nunca tienen razón

Los marinos escuchan
los llantos del barco
a las nueve y diez
suben al puente
perseguidos por un rumbo
extranjero
brota el humo
de su desesperación

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Ya no muero de esas cosas

Se desvanecen en la marea
no huelen
retazos de alga

Pobre muerte
sin extender la mano
sin encontrar camino

Fuera del mar ya no se es nada
el ojo del molusco
el pedacito que vuelve
respira del pasado

Qué suerte la de esta ola enamorada
sigue el fulgor de una ola seca

Juré por un momento que lo amaba
y me salvó la vida
juré por él que perdería
Ya no muero de esas cosas me dije
Aquí estoy contando los días

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Paraguaná

Un cielo impregnado
desierto
Quién diría que esa brisa
esa violencia marina
llegó a la altura
de un médano
para quedarse
Amarlo entre cactus diluidos
Un puerto en la punta
de la eternidad
Recorrido de viajante
que espera llegar
a ese lugar un día

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i

Espera la noche infinita
que se desentierra en el puerto.

ii

He recorrido las distancias
por el mapa
tú a través de mis ojos.

iii

Alianza de marinos
disuelta por orden terrenal.

iv

Llegó el Capitán
a ver la prisionera de su soledad.

v

Tú tienes tus barcos, donde me olvidarás
consecuentemente en otros puertos,
Yo tengo mis poemas, donde también olvidarás.

 

vi

Te perdiste en el mar otra vez.
Yo me ahogo en la tierra.

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Marino

¡Sal de mi vida!
ya te quité el tatuaje
la mujer culebra
montada en un caballito de mar
no existe.

¿Quieres una marca Capitán?

Yo te hice un pespunte invisible
con tinta de oro
destila sangre
por minutos
de un momento a otro
tendrás el corazón estático
Y tu respiración será mi nombre.

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Todo marino es un niño
que siempre quiso un barco
marcar la derrota
marcó su destino
ver de cerca el mar es perderlo
marinos
polizones
un poco de canción, desvelo
bitácoras
inspiración de los que estamos de este lado
que aliento hablar del mar sin saberlo
Los navegantes odian a veces la derrota
Perdidos en la memoria de las estrellas

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Terebrante

-Marino, si estuvieras de regreso hacia mí,
levantaría las calumnias, hablaría bien,
olvidaría esa raza proscrita que conozco
y desconozco: malos, disolutos, llenos de tedio.

Cuánto he sido la misma mujer que espera
con la cabeza destruida en los puertos.

Sí, porque desde que me fui en la oscuridad
de esas cicatrices de salitre,
vivo en movimiento, viajes eternos
de los que nunca vuelves del todo.

Explícame un poco tu mundo, por favor.

-Yo no creo en el mar y sus míticas historias.
No somos otros seres de la vida. Es cierto que esperamos
borrachos, sentados en mesas interminables,
seres vulgares, locos, llenos de vacío.
Esta sensación de ausencia de la tierra, eso es el mar.
Quizás las mareas altas están en el fondo del pensamiento.
Quizás.
Desde hace tiempo los poetas buscan la gracia perdida.
Hay una amenaza ancestral de vencer el mar.

-Pero sigo vencida en ese tenebroso misterio, he aprendido
a soportar la nostalgia, sólo palidezco desmayada, cuando tú te vas,
cuando regresas.

 

 

 

Estos poemas pertenecen al libro «Entremarino» (Ediciones POESIA, 2006) publicado por el Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de Universidad de Carabobo.  La fotografía fue tomada por el poeta Enrique Hernández D´ Jesús e intervenida por el equipo POESIA.

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