Poemas de Robin Myers

Informe

La temperatura cambió con las estaciones,
pero fue lo único que cambió.
.
Fumaba y tenía náuseas.
No fumaba y tenía náuseas.
.
Corté cebollas con un cuchillo desafilado.
Se me cayó sal en la pileta de la cocina.
.
El desierto ardía.
El bosque ardía.
.
Amé a un hombre que no sabía cuánto.
Todos los días le tocaba el pelo cada vez que entraba a la cocina.
.
Me compré un par de botas que me hacían caminar
como si esperase algo a cambio.
.
Del camino,
quiero decir.
.
Compré menta en otro idioma.
Me quedé muda en otro idioma.
.
Se me hizo un agujero en la pollera
con las rejas fundidas del calefactor que teníamos al lado de la cama.
.
Dejaba abandonados los platos pero hacía la cama.
Me duchaba a oscuras.
.
Observaba obsesivamente en parejas:
la piel muerta y brillante de la cebolla,
.
el sol descascarándose en el piso,
donde lo había dejado.
.
Mucha gente apoyó regalos en mis manos.
Muchas manos señalaron con un gesto la necesidad de esperar.
.
Me disculpé.
De corazón.

.

La exnovia de mi novio me corta el pelo en Belén

Hace mucho, él la amó
y por un largo tiempo.
Toma un mechón de pelo mío en un puño.
Arriba, el cielorraso se arquea
como las costillas de una ballena destripada.
Me siento en una silla en el rellano.
Me dice: “No te va a doler ni un poco”.
Cuando me muevo, una mano entonada por el alcohol
me corrige, sosteniéndome la sien.
Está oscuro. Él espera adentro,
como si siguiese el ejemplo
de la luz. No puedo parar de acordarme
de dónde estoy. Al final de la calle
está la panadería que abre de noche, el negocio de la esquina
con sus estantes llenos de Raid y huevos,
la cueva donde Jesús se atragantó
con sus primeras bocanadas de aire mohoso.
La tijera me tira del pelo
y me lo corta apenas
debajo de los hombros. Shhh, tranquila,
dice ella. Está rapada
al ras. Todavía no sé
contar en su idioma.
Después voy a aprender y a olvidarme de nuevo.
Listo, anuncia con
una brusquedad que es casi ternura.
Mucho mejor. El camión que reparte
las garrafas de gas canta su triste canción.
Empieza a llover. Ella enciende
otro cigarrillo. Adentro,
él me toca la frente,
sonriendo, y parece sorprendido,
el espejo de su cara oculta
si estoy cambiada, o estoy
exactamente igual.

.

En el mercado al aire libre

En el mercado al aire libre
un chico vende pollitos,
todos teñidos de un color eléctrico distinto.
.
Se cuelan fácilmente entre los barrotes separados de la jaula,
y se dispersan, demasiado bobos y chiquitos para ir muy lejos,
pero aun así pían asustados
o victoriosos. Brillan
como algo que se pone en el jardín
por Pascua.
.
Los rodean objetos de clara utilidad:
bolsas de legumbres, velas, alimento balanceado,
virulanas, carne cocida.
.
El chico los persigue con las manos abiertas
y los llama por su nombre,
furtivamente.
.
Eso es lo que se llama confesión.

.

No quiero tener nada que ver con el castigo

No quiero tener nada que ver con el castigo.
.
No es que no haya visto
lo que hiciste.
.
Lo vi,
y sentí los moretones en las muñecas
como si fuesen mías.
.
Pero no quiero tener nada que ver con eso,
con ser el que
cuenta, empuña, mide,
.
con administrar las horas,
el garrote
y la jaula.
.
Fumo sentado en la mesa de la cocina.
.
Te conozco más
que al juez.

 

 

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Robin Myers. Estados Unidos, 1987. Poeta y traductora. Cursó estudios de Literatura inglesa en Swarthmore College. Asimismo, Myers continuó su carrera en Buenos Aires donde estudió Poesía latinoamericana. En 2009, fue nombrada miembro de la Asociación Americana de Traductores Literarios. Sus traducciones y sus poemas traducidos al español han sido publicados en numerosas revistas bilingües.

Ezequiel Zaidenwerg. Argentina, 1981. Poeta y traductor. Zaidenwerg es autor de dos libros de poesía, Doxa (2007) y La lírica está muerta (2011), también ha traducido un importante número de poetas clásicos y contemporáneos.

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