Portar los modestos dones

Ricardo Ramírez Requena

 

 

 

Playball

Mickey Mantle jugó muchísimos años con una pierna mala, que debía tratarse
y amarrar como un perro sin educación ni disciplina. La Osteomielitis,
a pesar de la penicilina, duele siempre.
Fue operado de la rodilla seis veces en toda su carrera.
A pesar de la triple corona en el 56, perdió la competencia con Maris por el record de Ruth en
el 61, gracias una vez más a su pierna mala y sus lesiones.
Murió hace pocos años.
Mis labores con estas sílabas llevan un principio de muerte desde que me acerqué hacia ellas.
Sufre la espalda, sufre la memoria en los insomnios que tanta locura traen. Me recuerdan que
llevan veneno y que el palpar continuado, el frote de piel, de dedos contra teclado, también
carcome los ánimos.
Uno sale al juego y se planta en el home, cada vez que le toque. Sólo eso nos queda con los
años.
El bregaje. Apagar el laptop y mirar con ironía, en una esquina del cuarto, un guante raído, un
bate mordisqueado de ratas.
Una barajita vieja de Mickey Mantle.

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1918

 

Llegó en ferrocarril, la gripe española, la peste

Vino rodando desde los confines del mundo

El equipo apenas empezaba: se jugaba para ganar unas lochas,
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………………………………………………………………………..Conseguir muchachas

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El país, al fin dejó de estar en guerras, montoneras, levantamientos

Había tranvía: había una ciudad que se iba haciendo nueva: llegaron los gringos

Algunos ya venían de jugar afuera

Pero todo salió mal

Todos se murieron, parece

Les dieron 10 bolívares a los enterradores

Ese Magallanes había llegado muerto, decían

¿De qué los salvaron los dioses de esta tierra de nadie?, ¿de los grilletes?, ¿del exilio?

No los recordamos hoy en día
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Eran solo unos muchachos
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………………………………………….Y se murieron.

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Circularidad

 

El niño hace swing a la pelota:
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………………………………….Esta viene, avanza y él escucha a la multitud; ve la pelota

Subir por los aires

Y perderse entre miles de manos

Que buscan atajarla

………………………….(Y las tribunas en sus ojos, y los cantos de guerra, y el griterío)

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Da la vuelta al campo yermo, pisando

Unas piedras más grandes que el resto, unas que hacen de bases del juego

Recorre el campo solo, sin franela, en chancletas, levantando

El polvo en cada paso

 

Vuelve, toma el bate

Y sigue abanicando

Al calor del mediodía

En la calle del pueblo

Solo

 

Y

Él lo sabe: nunca saldrá de ese campo.

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Retiro del campo

 

Enzo Hernández se retiró, a su farmacia, en El Tigre.

Jim Creighton tuvo una ruptura del brazo durante un swing y un tiempo después, murió en su
casa. Su tumba puede visitarse en Brooklyn´s Greenwood Cementery.

Eddie Grant murió en 1918 en combate. Fue el primero de los peloteros en caer.

Babe Ruth murió sin saber qué lo mató.

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Uno escribe también estas palabras, cifras, fechas, entendiendo que para algunos no tendrán
importancia

Datos, estadísticas que no tendrán importancia

Para otros sí,
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………………………….Pero solo desde la perplejidad del dolor.

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Ellos

 

Ahí están: Sparky Anderson, Don Zimmer, Billy Martin, con sus jetas desmesuradas,

Con sus humores infernales

Azotando el campo de juego. Salen palabras como llamas, salen gestos, señas, patadas a las
almohadillas.

Salen patadas a la arena, arrojada a los pies de los umpires como se arrojan los gargajos más
terribles.

Sparky y sus campeonatos en dos ligas; Don y su rosario de equipos en la espalda; Billy y su
violencia seca.

Ahí están ellos: salvajes, con sus ánimos rotando por el campo, con sus jetas desmesuradas,

Con sus humores infernales.

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Lou Gehrig

 

Mi madre quiso hacerme un arquitecto. Jugaba futbol para la Universidad de Columbia.

No sé cuando ocurrió el cambio: un día me vi jugando con los Yankees.

Fui feliz en cada uno de los juegos en los que estuve. Dos mil ciento treinta juegos sin que el
sudor me dañara los sentidos.

Jugué con Ruth y con DiMaggio.

Luego, vino el menos dulce de los derrumbes: primero las piernas, luego el resto: la postración.

Pude, por lo menos, despedirme.

Uno no siempre se despide.

Yo sí pude. Bañado en lágrimas en el Estadio. Fui breve: dije palabras célebres.

Me considero el hombre más afortunado sobre la tierra. Eso dije.

Yo fui el caballo de hierro.

Ahora, que no puedo moverme, casi a punto de partir, recuerdo ese día en el Estadio.

El beisbol es una enorme excepción en las miserias del universo.

Yo fui el caballo de hierro. Aquí, en mi silencio, lo sigo siendo.

Lo soy.

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Ricardo Ramírez Requena.
Ciudad Bolívar, Venezuela, 1976. Poeta, licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela, librero y profesor universitario. Es autor del poemario Maneras de irse (Ígneo, 2014) y del diario Constancia de la lluvia. Diario 2013-2014 (Ganador del XIV Concurso Anual Transgenérico de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, 2014. Publicado en 2015). Actualmente dirige la Fundación La Poeteca. Los poemas, acá presentados, pertenecen al libro inédito Portar los modestos dones. 

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