Ajab

Alberto Cisnero

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1

aquí dentro consignan en el papel
que entre pagar y ser pagado existe
la diferencia del mundo y se consigna
también la vida, el raro dato, de un hombre
en un solo volumen, y si usted
se comide a la inspección de ese mundo
tembloroso, se hundirá sin recuerdo
en torno a otros tipos que emprenden
su derrota hacia el sur, alborotando
una ballena, cuyo cuerpo congrega
todos los colores, y no es por demás
conozca el mar. como llegó a suceder.

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4

había una vez un hombre (treinta y dos años
de temerse y de pernoctar bajo los puentes)
que, sin atinar a explicarse de la riqueza
de los ricos y de la miseria del semejante,
la función social de la tierra o si viviría
más allá de ese día, en el contraluz ambulaba
apartando moscas lánguidamente. él estaba
loco y era un asesino, y vio allí algunos barcos.

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8

ya quisiera ajab ser un poeta moderno
y tísico que le canta a la piadosa
blancura, al perfecto derecho de vivir
donde le plazca, así en la greda como en el
ceño o disponer de un público al que explotar;
pero le honra el no haber olvidado
que si hay palabras hay bestias y que todas
son del mismo pelo y que si aceptase
que su libertad reside en el pulmón
o en el pulso, valdría menos que un perro.

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12

qué sé yo de él a miles y miles de millas
de distancia, escuchando hablar según su propia
naturaleza al siempre inmisericordioso;
digo junto al condenado y al maldito,
al contrario a la venganza y al prudente:
trituramos nuestra espiga para vos
que eras siempre inmisericordioso; allí
estuvimos, ninguno inferior a la ley
de su destino, onceava letra de mi alfabeto,
nantucket, nantucket.

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17

quién fuese un burgués para con regocijo
tasar sólo el bolsillo y la sopa
y al poner entre paréntesis los muchos
gusanos que contiene el fuego asir
el resultado de esas reducciones,
su trance optativo y los cuentos de princesas
y fantasmas que ocurren en la moraleja
y desde allí inspeccionarlo todo
lentamente, los ojos de pronto blancos,
bien atusado el bigote, un hombre
útil a la sociedad, un general
de ejército triunfador de las batallas
o un ventrílocuo, que a según dicen,
hablan con el estómago.

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20

un libro siempre abierto, las hojas
arrancadas una a una, cualquiera
se equivoca para siempre.
y empeñados en destruir algo,
siempre estuvimos allí, buscando
la salvación y no encontrándola.

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26

nantucket. cuidate de pronunciarla si no sabés
cuánto resiste la palabra dios o un terrón de
azúcar en la boca. para siempre te vas a acordar.
tipos que estaban locos o eran asesinos y allí
vieron unas naves. desde el principio los cuentos
que inventan los hombres se escriben sobre pieles
de animales. era para que conocieras el mar.
para que descifraras el capítulo cuarenta y dos.
parecía el cielo. avino de lugar no divulgado.
leíste querosene en un bidón. ningún elemento
de nerviosismo. raspaste el fósforo. velámenes.
el cuarto pendía de aquel pequeño volumen
forrado en cuero. editorial sopena.
redundancias.

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31

ya no pertenecemos al mismo mundo. cuando
te acerques a mí, estaré vivo. tenía una
esperanza sencilla y la esperanza es luz que amedrenta.
ahora está todo negro, todo limpio, una región
nueva y desesperada. espero verte resplandecer.
aquí estaremos, ninguno inferior a la ley de su
destino. no me confieso, no me jacto. lo que se
desea no se pide. el hacha bajo el sobaco,
que con un libro bajo el sobaco se dificulta.
y yo salí a matar. no evocaremos el destino
que los libros deparan a los tibios. será lejos
o cerca, el horizonte consta de treinta y dos
rumbos. cuando entonces. hasta que no se
escuchen sobre los tablones mis pasos.

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41

la noche que sucedió al día en que ismael ajab
consignó no escribir desde su corazón, aunque
si por encima de sus brazos, de su corazón
y de su cabeza, se hizo más y más leve. y cobró
vida. en campos. en poblados. en carreteras.
y pronto los dejó a sus espaldas. (escribir:
pasar por alto premisas y demostraciones.
sólo ofrecer un resultado. o repetir
las canciones de los mendigos).

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47

los años han pasado. la seguridad del sentido
de la caída. y el tiempo de los libros,
ha pasado con la misma naturalidad
con que brotan los nervios en las hojas.
espero en vos. ¿qué fue lo que soñaste?
hasta esta noche, hasta pronto.
rezaré a tu estrella como un pagano.

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Alberto Cisnero. La Matanza, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1975. Ha publicado: El límite de la materia (Ediciones Ruinas Circulares, 2012), Tagsales (Encausto Edictores, 2013), Adiós y hasta pronto (Dio Fetente, 2013), El movimiento obrero granizado (Barnacle, 2014) y Robé un auto para trasladarme a las soledades vivientes (Barnacle, 2015). Ajab (2016) de Alberto Cisnero fue publicado por el sello editorial Barnacle.

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