El hilo y las agujas

María Antonieta Flores

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Hija de Carmen Romero y de Jesús Flores, hermana de Rosaura quien también se dedicó a la enseñanza. Sin descendientes.

Cuando nací, mi madre ya había dejado de trabajar, había estudiado para secretaria en una época donde tal acto era extraordinario. Todavía recuerdo sus rasgos de taquigrafía y sus cuadernos de caligrafía gótica, las plumillas y la tinta, las mismas con las que yo aprendí años después caligrafía. Mi padre era sastre al igual que su padre y mis tíos paternos. Mi madre se cosía su ropa y la de sus hijas. Así que la textura de las telas, los hilos y botones, agujas y alfileres no me son desconocidos.

Con los años comprendí que sus oficios estaban vinculados a los secretos de la escritura: la trama y la urdimbre, la forma, cortar, coser y descoser, trazar, zurcir, cuidar la caída, cortar al hilo o al bies. De niña recuerdo un libro de mi madre, la Composición de Añorga, todo un libro de estilo, modelos de cartas, formalidades y fórmulas…

La escritura me ha llevado a definirme como una mujer de formas. El estilo es algo fundamental en todo lo que aprecio y en mi poesía es algo que cuido, la unidad y la armonía, la musicalidad. Cada libro, como si de una colección se tratara, posee su propio estilo cuya afinidad depende del tema y el enfoque. Cada poema es, realmente, una selfie. Ese ejercicio de retratarse a diario bajo distintas luces.

En esta muestra reúno poemas inéditos de dos tiempos distintos y por lo tanto las miradas y las atmósferas difieren. En mi caso, son más los poemas inéditos que los publicados y por ello me ha costado decidir cuáles mostraría en esta ocasión porque no creo que deba publicar todo lo que escribo.

 

M. A. F.

 

 

§

 

l a  r o s a  d e  l o s  v i e n t o s
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caminé sobre este mar
con una mano extendida
milagrosa
única y santa

los vientos me desnudaban el rostro
vencida con los pasos del sueño
en el andar de la fe

abandonada en  altamar
empecé a gritar para que nadie me oyera

de mis manos se cayeron los mapas e instrumentos

se enlazaba la muerte a mi cintura
mi cuello podía ser roto en un instante

donde yo antes había amado el azul
me odiaban

era fácil arrojarme a ese mar lento y cetrino

con los brazos atados en fierros de  locura
podía ver una brújula

flotaba en un mar verde y pesaroso
se alejaba

entonces me cubrí con mi único bien
la larga cabellera de los penitentes

pasaba el sol y venía la luna
mi piel era la transparencia del hueso
así en pie mi armadura

y vinieron los siglos

en alguna playa brilla mi esternón
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entonces él me pidió que creyera
en cuentos de hadas
en el final feliz que promete
el amor de las viejas novelas rosas
en el mañana mañana de anita la huerfanita
me pedía que creyera
y todo estaba roto
en añicos
translúcida
llevaba así sus palabras
entre mis manos
atesoradas
hubiera querido escucharlo
complacerlo con una historia
si no de final feliz
adecuado
al menos
pero era demasiado
llevaba tizne y arenisca
un rictus entre las cejas
hablaba de mi preocupación
yo enhebraba las palabras con cuerda negra y seca
en este vaso donde guardaba mi aceite
vine con el gesto rígido del cadáver
él trataba de tejerme un final feliz
nunca lo dudé
pero yo miraba me quebraba
este aliento mío se escapa
con menos
el azote deseoso del amor me labraba el martirio
no existen los finales felices
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a la sazón diez años
con un diente cariado y el miedo
iba con mi mejor rostro
primorosa
había hecho de la obediencia mi silencio
pero siempre delataba el detalle limpio del desorden
yo a la postre estaba ya más que perdida
no sabía que nunca crecería
era enano el corazón
tan sin mis fuerzas
yo dejaba de ser el sueño de mis padres
sólo un dedal me comprendía

los sueños de la infancia
los sueños del amor

la deriva en este mar de troncos

una madre me anhelaba con quién sabe otro rostro
yo era oscura y caprichosa
una voz salpimentada de tristeza
me presentía ruina o liviandad
eran sólo diez
y yo me presumía feliz
mientras rompía el más hermoso florero de mi madre

 

……………………………………………………..1998

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e l  a m o r  c o m o  p r e s u n c i ó n

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pequeña «a» o canción para lacan

anduve por los tiempos recorrí muchas tierras
tras un hombre que en mí viera su pequeña a
y cuando el cansancio vencía
más bien la certeza
me sentaba sobre algún duro banco de plaza
porque mañana sería otro día
y quizás el día
cuando ese hombre me vería
allí en la tabla fría de la sala de muertos
hasta allí quizás decía mi esperanza

así fui conociendo el alfabeto
todas mayúsculas mis letras

había perdido mi pequeña a
y en este mundo confinado
me volteo para decirte

cuando veas desparramadas las letras en tu sopa
no te comas las letras a
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casandra es infinita
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La próxima vez que lo lea ya no será sin memoria ni deseo
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Ana Teresa Torres

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una página se detiene
entre dos lugares
allí donde se cosen las hojas
en ti
uno solo
el lugar se respira difícil

me suspiro
hacia el corredor
quebrado
me sustenta
el silencio
ha obrado el agua con mesura
ha dibujado por siglos el secreto
flota un hueso una espada
sólo un rastro de tejido
tuve allí las costillas
la debilidad de mis pulmones
y el corazón
en sólo un momento de destrucción
aunque era distracción lo que iba a escribir
la espiral

se mueve la piel
hacia ti
en la sombra plúmbea del atardecer

he llegado a conocerte
ahora tengo la memoria ahora el deseo
y te estoy leyendo de nuevo

cada página se escribe de nuevo

en el suplicio del aire
en los pulmones
lleno el silencio
con el aroma
del café que me has servido
en taza sin plato
de roces
siempre en la próxima vez de leerte
la tierra entre mis uñas
los dedos curvados ante el frío
de este sollozo que te presiente cercano
conocido

 

…………………………………………….1999

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l a  r u i n a

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retamas ardiendo en la noche

en las entrañas el óxido
de la plata su óxido
así la esperanza

recuerda lo que puedas
será tu sudario
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he comido tanto miedo
tanta sopa envenenada

he visto caer a cinco mujeres muertas

me han robado
como si tuvieran derecho al despojo

no habrá quien te traiga la comida

he caminado sobre añicos de dolor
y en la mugre

no hay nada que se esconda
de las arañas o
de las moscas que con constancia
cagan las sábanas
que alguna vez fueron limpias
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enfermedades olvidadas

difteria
tuberculosis
lepra
malaria
sarampión
la sarna

han vuelto sobre los hijos de esta tierra

fiebre y desnutrición en las tumbas

un tanto hastiada la muerte
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si partieras en dos mitades exactas mi cráneo

tiene esa destreza un hacha

el cerebro busca un desagüe rojo

no hay en mí simetría
ni señas iguales en los huesos

una parte de mi cráneo para
beber sin recordar

fuimos un abrazo desnudo

la luna sobre mi parietal

el hacha certera sabía
la simetría de su corte
la impericia de mi cráneo

mis ojos ya no existen para mirarte
ni para verte mejor
en susurros
ni entre las nubes
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la lepra en mi mano

en una prisión
el cuerpo es un aullido

tenías que aceptar las vejaciones
las esperas del medicamento que goteaba para enceguecerte

la extraña masa deforme de la piel
la piel descascarada el tejido enrojecido
la sangre atrapada

una prisión con normas y medidas
una mujer pasea su poder como un pran
de alguna cárcel donde cortaran cabezas y gargantas
a su mirada

una anciana muestra su lascivia
le arrojan panes que la hacen feliz
la mascota preferida de quienes tenían
las horas atrapadas
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las venas ensordecidas huían de las agujas

las  mujeres lloraban una historia de humillaciones
no agarro la vena decía la enfermera

la aguja bajo tu piel se dibujaba perfecta

carritos de medicamentos
manos extendidas para recibir la pastilla

los sueros en sus percheros
un largo paisaje hasta el ventanal

en el constante quejido del dolor
nadie quería ver el animal la guadaña

conté cinco muertas mientras la luz se desprendía

en los sueños caminabas haciendo sonar una campana
no respirabas

ejercitabas el silencio
te revolcabas bajo la sal

 

…………………………………………………….2014

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l a s  m a d r e s  c o c i n a n

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las manos dispuestas
muchas voces grandes dolores

van juntando raíces
sustancias hierbas bulbos

para la gran olla del hambre

solidaria le dicen
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de conocer el hambre
las manos severas
cortan mezclan mueven
esperan

se agotan en el secreto de los fogones

grandes ollas
marmitas cacerolas

cocinan la esperanza
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la terca insistencia del amor
llena los cuencos

calor para las manos quebrantadas
niños que perdieron sus huesitos
los sueños

el quehacer no repara la sangre seca por el sol

lo saben y todos sus cuerpos se inclinan
ante la olla humeante
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en el plato más antiguo

el calor la saciedad el consuelo
el secreto de la vida

una mano calma pesadumbres
otra va sirviendo sopa en los cuencos

en el regazo dormirán los niños
será el consuelo ese instante de hambre saciada

cada llama en el corazón enciende
el agua el alimento
no la muerte

de todos queda resistir

 

…………………………………………………….2017

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María Antonieta Flores
. Caracas, Venezuela, 1960. Poeta, ensayista, crítica literaria y profesora universitaria, magíster en Literatura Latinoamericana, editora y directora de la revista literaria digital El Cautivo. Entre sus libros figuran: El señor de la muralla (1991), Canto de Cacería (1995), Presente que no en ausencias (1995), Agar (1996), Criba de abril (1998), Los trabajos interminables (1998), La desalojada luz de la tarde (1999), Indigo (2001), Limaduras (2005), La voz de mis hermanas (2005), Regresaba a las injurias (2009), Madera de orilla (2013) y Temples (2014). Ha obtenido Primera Mención del Concurso de Poesía de la Asociación de Escritores de Venezuela (AEV), Premio de Poesía de la I Bienal de Literatura Municipal «Augusto Padrón»,  Premio Municipal de Literatura «Rafael Angel Insausti» mención Ensayo (Barinas), Premio en Ensayo Literario en la IV Bienal de Literatura Mariano Picón.

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