El misterio del ser: el chamán, el jaguar

Roberto Mussapi

 

 

Santos López es de los mayores poetas hispanoamericanos de nuestro tiempo. El cumplimiento del viaje poético, para él, está en la percepción de la respiración cósmica, en la visión mágica y metamórfica de otra parte: Alma adentro.

Venezolano, nacido en el Orinoco (1955), organizador en los tiempos felices de su país desventurado, de las extraordinarias Semanas de la poesía de Caracas; su poesía, lúcidamente visionaria, líricamente sapiencial, constituye un caso extraordinario. Es rarísimo que un chamán –un místico puro– pueda ser plenamente poeta: el misticismo y el chamanismo queman la visión y el viaje de su cumplimiento –en este último caso– tiene propósitos curativos.

La palabra poética, que indica coexistencia con el drama del vivir, con aquello Piero Bigongiari define como «el infierno de lo efímero», muy rara vez es buscada –y permitida– como la última meta de quien realiza prácticas místicas o mágicas. Los versos de los Oráculos Caldáicos, por ejemplo, o ciertos Himnos Órficos. Pero en López la poesía es tal como la entendemos nosotros, los descendientes de Safo, Catulo y Leopardi: un cumplimiento. En su caso, la coexistencia de múltiples naturalezas en el hombre y la complejidad, más que psicológica, es ontológica en su alma.

El hombre que era jaguar –y quizás lo es todavía– en alguna parte profunda de su ser representa una visión poética embriagante de la potencia del Alma: al contrario del Tigre de Blake, el visionario que ve la magia en lo Otro –en la línea de Ovidio y sus Metamorfosis y Yeats– Santos López lo descubre Adentro, donde lo externo y lo interno coinciden en la respiración cósmica. 

En el mundo mesoamericano el Cenote es un pozo de agua dulce que emerge en ciertas zonas de Yucatán. Un río subterráneo, entonces, llega a la superficie desde las profundidades para llamar al hombre que allí se detiene, tal vez como en el mismo pozo en el que se reflejo Narciso –así lo escribió Melville– buscando el misterio de la realidad humana en el fondo insondable de esas aguas.

Este pozo, el Cenote, era considerado sagrado para Maya: son aguas infinitas y dulces provenientes de la agitación fluvial y telúrica de lo profundo.

El poeta es el hombre que busca en lo profundo y en sí mismo –niño persistente, iniciado– sus orígenes. Invoca las aguas de los orígenes –las aguas maternas del ser– para descubrir los secretos de la vida y de la muerte. Es un duro y apasionado viaje a los infiernos, inspirado en el de Ulises, cuando busca el secreto y el sentido en la sombra de la madre abrazada en el Hades.

Aquí no se busca a la madre, pero el secreto del origen, en el fondo –a mi parecer– está en el propósito del descenso de Ulises cuando pasa por el río Aqueronte. Aguas funerarias en aquel caso, aquí aguas del origen.

Tantos hermanos se han perdido: ¿por qué se han perdido? Es una pregunta absoluta, relativa a la realidad generatriz materna que se oculta en el misterio del ser: el sentido de la vida –y de la muerte– propia y de los otros.

Un descenso espiritual el de Santos López, poeta venezolano –puntal de la cultura y la espiritualidad– de la hambrienta pero resistente Caracas. En Caracas –en el mundo globalizado, envenenado y roto– trae de sus orígenes indígenas del Orinoco –de su realidad y práctica de chamán– el aliento de la incesante búsqueda espiritual.

 

 

 

 

 

 

Para el Especial Santos López, Alejandro Sebastiani V. preparó esta versión en español  del texto de Mussapi. Sebastiani señala que en esta lectura de Roberto Mussapi convergen diversas reflexiones publicadas en períodos distintos, por el autor en el portal italiano https://www.succedeoggi.it/.
La imagen que ilustra este post es un detalle de la obra Hidden in Sap del artista estadounidense Michael Nauert

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