El silencio es una bailarina

Geraldine Gutiérrez-Wienken

 

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El silencio es una bailarina, de Geraldine Gutiérrez-Wienken, se reafirma en el uso enfático de los signos de puntuación: el paso sintáctico o desarticulado de los versos acentúan la potencia evocadora de sus poemas, que nos remiten a sutiles referentes nombrados con vigor y enigma. La experiencia también tiene su lugar en este libro, pero no con sus componentes superficiales sino como metáfora de situaciones subterráneas (perceptivas, intelectuales y psíquicas) que parecen habitar el reino de la imagen. Lo más trascendente se desarrolla con las licencias que otorga la noche, la noche que agranda los misterios poco probables durante el día. La poeta, gracias a su contacto de dos lenguas (casi como decir dos mundos), ha logrado una propuesta expresiva basada en la extrañeza, en la perplejidad rizomática de lo que se nombra por primera vez. Lo que tenemos frente a nosotros es una presencia provocadora, en apariencia inconexa, capaz de extraer otras asociaciones de apreciable riqueza.

Néstor Mendoza

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β

 

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ii

De los incendios en la grama nada percibimos
¿o sí? al comienzo demoramos en llamar. Nadie
al comienzo respondía. El saltamontes
daba largos saltos y en la grama se perdía. La rama
seca hacía un ruidillo. También seco al des-
prenderse. Eran indicios al comienzo. Movimientos
al comienzo una mano cuida. La otra hace tiempo
y contraste. Y nos nace un bosque de cabeza. ¿O no?

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iii

Indefensas se han ido las tragedias
a c a n t o s pasivos auto-anexando bajo la sombra
toda una vida. La voz de tarde llamando a comer
La voz de la malanga. La voz acuática y su collar
de perlas. En una cajita turquesa, el relato. Corto
contundente. Una mañana común y corriente
Ese día anexo. El brillo de su ausencia. Quiero
ser piadosa con mis objetos. Y de una
se rompen estrellas y se (re)parten. Se rompen
estrellas y se (re)parten que la vida es sueño y
las hijas sueñan toda una vida. La vida entera

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v

La tristura es corporal. Y una
lámpara en el mero medio de la lengua. El cielo
escindido del ginkgo biloba. Una
especie de rizoma / técnica familiar. Acaso ciudades
cartesianas imponen otro ritmo. De una
lo faltante venidero. El mero relato encara. Y
la lengua (de)mora en aves
del paraíso y filodendros. Mujeres
que a la sombra venden invisibles ramilletes. De
lirios en un ánfora venida de otra parte
me contradirán y amaré dividirme. En una
doble. Extranjera

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vii

Esta es la noche de la polilla mariposa
La fábula sin animales que ronda al mutismo. La
necia polilla de la noche que sale del pote de la harina
al esplendor del descuido. Al mundo de mis
filiaciones en las que danzo para vérmelas con ella y él. Frágil
árbol de cabeza. En lo
secreto del siglo venidero. En la medusa cara-de-niña
entre meandros
hallar las estrellas que me faltan. En el rigor
de mis hermanas chamanes. En tres únicos retratos
tres retratos de mi (pro)piedad. De lejos. De perfil. Y
de frontal ternura. Su cabello se ondulaba su cabello no era negro
su cabello ondulaba

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xi

La polilla pegada del techo se
ha topado con la serpentina
de un sueño
alguien cruza los dedos
alguien despierta de su insomnio
alguien dice que está
insatisfecho con la insatisfacción
la mesa desmantelada
el centro de la mesa hecho polvo
alguien cuenta los pasos perdidos
de la cucharilla a un plato llano
Alguien está ahogándose
………………en el paraíso
nadie hace siesta
y las butacas se retapizan de flores
grandes desarraigos. Y de polvo

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xiii

La polilla pegada del techo es una experta
en detectar hombres intactos
en apariencia – invisibles pero presentes
en su jazz ella distingue la voz
de los otros

de polvo pegada del techo
de cierto modo ella los interpela les re-
clama obligándolos a articular pequeñas
fantasías trágicas que porta consigo. La polilla
experta se ha despegado del techo y – viene por ti

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xvii

Mi casa es un árbol de cabeza
sin preguntar responde de memoria
se curva. Dibuja la mitad con frutas
se nutre de los sentidos

contrarios. El ginkgo biloba
el árbol del Goethe enamorado
el cielo escindido de Frau von Willemer
metaretazos anímicos

a pesar de la celosía la casa
a pesar de la casa el árbol
a pesar de la celosía él
toca la punta aquí. El árbol

el nervio aquí. La puerta
una certeza plurilingüe.
Duelen y se derriten corazones
Herzen schmerzen y verschmelzen

y una reza su padre
y tabula rasa
y la puerta responde por la ventana
y tan devota del Dr. José Gregorio Hernández

 

sigo arcaicos acueductos
Jean Dubuffet y su taburetico
Les Grandes Marguerites de Séraphine Louis
las Casas Vacías de Louise Bourgeois

La casa empero
es corpórea. También
algunos árboles de mango
yéndose de bruces

en un puñado
de madres
el silencio es una
bailarina

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partituras bogotanas

[Carrera 13 / Calle 63]

 

5.00h
estaba lloviendo por la carrera diez y yo contaba calles
para no perderte

5.05h
miraba las sinuosidades de los filodendros y las ventas de frutas
por colores

5.08h
ordenadas montañas de frutas. Si agarro la naranja de abajo
tengo que sujetar la pitahaya de arriba el mango a la izquierda y

5.12h
se me vienen tantas cosas a la cabeza que me sorprende no
verte entre ellas

5.13h
un niño pequeño sale del edificio verde manzana da unos pasos
y llora una mujer sale del edificio le dice algo al oído y se van

5.15h
de su pequeña oreja brotaron dos acantos. Y tú estabas adentro

5.20h
entre las gentes con sus vasitos de frutas pero no te vi

5.22h
en los bosques del alma cada árbol se dedica a su sombra

5.28h
aunque no queramos comprender cuán antropomorfos somos
somos

5.32h
aunque no quiera comprender cuanto hilo de Ariadna
es menester el laberinto

5.48h
si oyes tu idioma en calles nubladas entre lo ambiguo y el canto
sostén el contraste

5.49h
en la naturaleza no existen los colores según Cézanne
sólo existen contrastes

6.12h
entonces las peras rojo verdosas que dejé sobre la mesa

 

6.22h
las zanahorias silvestres a la orilla del río
las calles de esquinas frutales y filodendros

6.25h
todo existe porque es contraste – y ritmo

6.26h
porque resiste a su mutismo innato y es tu(yo)
con el tiempo

8.28h
y entonces. Supe entonces que podías existir

8.32h
para siempre
en silencio

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Geraldine Gutiérrez-Wienken. Ciudad Guayana, Venezuela, 1966. Cursó estudios de Odontología en la Universidad Central de Venezuela, Caracas. Es doctora en Filología Alemana y magíster en Ciencias de la Literatura por la Universidad Heidelberg, Alemania. Obtuvo la beca Merck para participar en el taller literario de la Casa de la Literatura de Darmstadt. Fundadora de la editorial «hochroth Heidelberg», una editorial consagrada a la traducción y publicación de poesía de América Latina y España, en Alemania. Ha publicado los siguientes poemarios: Espantando elefantes (La Liebre Libre, 1994), Con alma de cine (IX Premio de Poesía del Ayuntamiento de Ciudad Real, 2007) y Castañas de confianza (Eclepsidra, 2012).

La imagen que ilustra este post fue realizada por la artista venezolana Andrea Britto Moreno
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