Centenario de Elizabeth Schön

María Antonieta Flores

 

El centenario del natalicio de la poeta, dramaturga y ensayista Elizabeth Schön (30 de noviembre de 1921 – 30 de noviembre de 2021) es una buena oportunidad para releer o descubrir su obra, porque es una voz esencial de la literatura venezolana.

La poesía de Elizabeth Schön es prístina, de extraña complejidad en su transparencia. Para el lector actual representa todo un reto. Leerla exige un tiempo acompasado con la circularidad temporal, es decir, un tiempo ajeno a las prisas y el ritmo cotidiano. Es una poesía fundada en el amor como un bien abstracto y permanente que emana del yo.

Junto a ese amor ideal, en su obra encontramos una elaboración poética en torno a las emociones y a las conductas humanas. Esta vertiente de su obra es sorprendente dentro de la poesía venezolana, no dialoga con otras propuestas estéticas y me atrevo a decir que tampoco hizo escuela. Es, para recordar a Enriqueta Arvelo Larriva, una voz aislada. En esa condición solitaria se yergue su voz.

Su grupo de poetas fraternos con los que compartió su día a día creativo, son también voces aisladas en el contexto de la poesía venezolana. Me refiero a Ida Gramcko y a Alfredo Silva Estrada. Si bien podemos observar en su obras ciertos diálogos internos en cuanto a temas, las formas y las voces son  expresiones únicas.

Su voz se funda precisamente en la experiencia de la soledad y la orfandad, la pérdida temprana de su madre marcará su visión poética. La orfandad la obliga a construir por sí misma un mundo íntimo de presencias familiares que ofrece tanto  en su poesía como en su actitud nutritiva hacia el otro. Por ello, en su escritura no hay orfandad emocional ni psíquica ni espiritual, sí un sufrimiento por la ausencia y el dolor ajeno. Ella no busca sino ofrece. Todo esto ocurre en un dinámico diálogo poético entre lo visible y lo invisible.

Esta selección que se presenta está conformada por poemarios publicados en la década de los noventa: Ropaje de cenizas (1993), La flor, el barco, el alma (1995) y La espada (1999). Esta  década fue, junto a la del setenta, la época con más publicaciones en su trayectoria literaria.

:

:

:

§

:

______________________________________________________________
:

R o p a j e  d e  C e n i z a

:

 

Tiempo de pálpito amoroso
tiempo de abra fecunda
que no le da cabida
a la inestable inquietud de los miedos
Miedo que no se aleja
arrecife de puntas agudamente perniciosas
para que no se mantenga
la lineal línea abierta
del ímpetu indispensable.

:

:

:

:

:

Muros en descenso
explican la longevidad.
El adulto crecido
junto a brújulas oxidadas
no aspira más
el vegetal aire del día.
Los pies no le responden
cuando se le dobla el torso y un llanto
de crecida montaña íntima,
le brota rompiendo el silencio de la piedra.
Aún no se le conoce nombre al llanto
de veloz respiración mortal.

:

:

:

:

:

Empieza a reflejarse el sueño
de lo nunca antes conquistado
La entraña de los espacios está abierta.
Fluye la armonía de la raíz
con la piel y el anhelo.
Al fin, un hombre entra en el sol.
Adelante, el tallo se expande
y comienza la fragancia a esparcir
la clara clarísima claridad.

:

:

 

:

______________________________________________________________
:

L a  f l o r,  e l  b a r c o,  e l  a l m a

:

:

Agua en el desierto
y brota la flor
la que no se doblega
y nunca permanece frente a los hombres.
Manera sutil de ser lo invisible
presencia de flor
olvidada por las brisas oscuras de los bosques
alejadas de las manos que tantean, arman
y no cesan de clavar sus rastros
de azul, verde
de árbol, aceituna.

:

:

:

:

:

Las astillas del astro desaparecido
las carga el pájaro en su rumbo.
Lo mismo hace la flor de la cresta
al llevar consigo su rango de altura
su estirpe de flores cercanas
nunca siendo la flor aquella, requerida
sin nada en lo visible
sin todo en lo invisible.

:

:

:

:

:

De su envoltura las fases de los caminos.
Las agujas del anhelo
tejen en las nubes.
Los dedos sobre los labios.
La ansiedad rastreando
la abandonada costa de la esperanza.
Y en las aguas la flor cierta, veraz,
sobre lo cierto, veraz de la hora
en su marcado fluido deslizamiento.

:

:

:

:

:

Jamás sobre la superficie
donde conviven
el trigo blanco de las lluvias
y el anciano que unido al brillo de sus latas
aguarda el fuego de un barco
con redes de nubes.
El sueño nunca rechaza
lo posible de lo inexistente.

:

:

:

______________________________________________________________
:

L a  e s p a d a

:

:

Rebana el pan
y se aligeran los cansancios
Redondea el fruto
y recobrarás el sueño
Acelera la armonía
si el oprobio destroza
lo legítimo de propiedad intima
Aguarda hasta que la equidad
sea fiel, limpia
y no haya ninguna duda
en ser mañana el día bello
para recorrer y agitar la mano
El sol es quien vive
y calienta los cuatro centros de la tierra.

:

:

:

:

:

La vida
que traspasa rincones, incendios, jaulas
sorprende lo mismo
a cuando nos acercamos a esas aguas íntimas
y exteriormente fuera
donde los hombres prosiguen rasgando
las oscuridades de los horizontes
La vida le da al hombre
seguir siendo hombre
aun si el polvo lo reemplaza
en tanto no cesa la complicidad
entre el instante del tiempo
y su múltiple profundidad.

:

:

 

:

:

E.

 

Elizabeth Schön. (Caracas, 30 de noviembre de 1921 – 15 de mayo de 2007). Poeta, dramaturga y ensayista. Ha publicado los poemarios: La gruta venidera (1953), En el allá disparado desde ningún comienzo (1962), El abuelo, la cesta y el mar (1965, con varias reediciones), La cisterna insondable (1971), Mi aroma de lumbre (1971), Casi un país (1972), Es oir la vertiente (1973), Incesante aparecer (1977), Encendido esparcimiento (1981), Del antiguo labrador (1983), Concavidad de horizontes (1986), Árbol del oscuro acercamiento (1993), Ropaje de ceniza (1993), Aún el que no llega (1993), Campo de resurrección (1994), La flor, el barco, el alma (1995), Antología poética (1998), Del río hondo aquí (2000), Ráfagas del establo (2002), Las coronas secretas de los cielos (2004), Visiones extraordinarias (2006), Luz oval (2007). En dramaturgia, Intervalo (1957), La aldea (1967), Lo importante es que nos miramos (1967), Al unísono (1968), Melisa y el yo y otras obras (1977). En ensayo, La granja bella de la casa (2003). En coautoría con la fotógrafa Thea Segall, Lo que miró el almirante (1992). Obtuvo el Premio Municipal de Poesía en 1971 y el Premio Nacional de Literatura en 1994.

La imagen que ilustra este post  es un detalle de una obra  realizada por la artista venezolana Gala Garrido

Contenido relacionado

POESIA

De barro

Ernesto Cañizalez

Archivo

introduzca su búsqueda